jueves, 21 de febrero de 2008

1976 (II) Entre nietos y abuelas

No hacían más que oírse huelgas, huelgas y protestas de trabajadores por todos los lados. Había quien auguraba que esto solo era el principio de la hecatombe, que al morir Franco todo se cambiaria a peor. Por si fuera poco, la sombra del terrorismo asomándose cada dos por tres. Y por supuesto, todavía algunos sectores del ejército, la policía y otros afines al antiguo régimen, seguían mandando, y a veces, se les iba un poco la mano. Los sucesos de Zumarraga, en febrero de 1976 saldándose con 5 trabajadores muertos son un buen ejemplo de lo que digo.
















A mi hermano Fernando, 3 años menor que yo, unos meses antes le habían quitado las amígdalas. En aquella época (bueno, y ahora parece que se ha vuelto a poner de moda) era muy normal quitar las amígdalas para evitar las famosas infecciones y subidas de “anginas” como se decía. No paso mucho tiempo desde mi noche sangrienta cuando mi hermano Fernando se acatarró. Aquel constipado no parecía remitir y cierta mañana, mi madre algo nerviosa, llamo por teléfono a mi padre y al rato, llego a casa con mi abuela Concha. Mis padres, junto con mi hermano Fernando, se marcharon al médico, quedándonos al cargo de mi abuela, mis hermanas Elisa y Verónica, y yo.












En aquella época, los trabajadores autónomos como mi padre, no tenían derecho a la famosa “seguridad social”, por lo que nosotros teníamos un seguro médico privado, en aquella época, caro, muy caro. A mi hermano lo llevaron a la Clínica Vistahermosa, un centro privado, donde en esos tiempos, si no pagabas las medicinas que te hacían falta, ellos no te las ponían. En alguna que otra ocasión, mi padre tuvo que ir con el coche a buscar la farmacia más cercana para “comprar” las medicinas que los doctores habían recetado; ya que en el supuesto centro hospitalario no las tenían. Mi hermano ingreso sobre las 11 de la mañana, y el médico que lo tenía que ver, no lo visito hasta las 9 de la noche. Mi madre, antes de salir de casa, le puso uno de mis famosos supositorios solufilina sedante. Cuando mi madre le explico al médico que ella en previsión de lo que tenia mi hermano, le había dado aquel medicamento; el médico felicito a mi madre diciéndole: “señora, le ha salvado la vida a su hijo”. Mi hermano tenía una bronconeumonía doble, y a esas horas de la noche, tenía un pulmón encharcado y el otro casi. Quizás y solo por eso, muchas veces cuestiono ciertos temas como la medicina privada y la automedicación.












Nosotros en casa, ajenos al sufrimiento de mi hermano, seguíamos al cargo de mi abuela. Concha era una mujer de mucho carácter, decir que era “mala” estaría muy feo por mi parte. Provenía de una familia de mineros de la parte de Mazarron en Murcia, viniendo a Alicante a principios de los años 30, donde se puso a servir en una casa. Madre soltera en los años 40 (mi padre, hijo ilegitimo de un hombre casado) volvió a recaer con otro hombre casado y a tener otro hijo (mi tío). Alcohólica, algo egocéntrica y paranoica.











Estando Concha en casa, nos empezó a preguntar que si madre hablaba mal de ella, que ella quería mucho a nuestra madre, pero que nuestra madre no la quería. Vamos que intento manipularnos de mala manera. Cuando llego la noche, en vez de quedarnos en casa, Concha tomo la decisión de que nos fuéramos a su casa en el autobús. Su casa, en pleno centro de la ciudad, era una casa del siglo XIX, un cuarto piso, viejo, viejo, viejo, en unas condiciones casi insalubres. A la mañana siguiente, llamo a mis padres para decirles que “ella no se podía ocupar de 3 niños, que tenía cosas que hacer”. Mi tía Helen, que estaba en ese momento visitando a mi hermano, le dijo a mi madre: “no te preocupes, yo paso a por ellos y me los llevo al Chalet, yo cuidare de tus hijos”.
















Al día siguiente, después de la segunda noche en casa de Concha, Helen paso por su nosotros. Iba conduciendo el famoso Mini que se habían comprado antes de la boda. En el asiento delantero, iba nuestro primo Carlos, de apenas unos meses de vida. Recuerdo el viaje desde casa de mi abuela hasta el chalet de mis tíos en Vistahermosa. Cuando llegamos, a mi me dijo que iba a dormir en una habitación yo solo, y que mis hermanas dormirían juntas en otra. Recuerdo que pasamos unos días muy bonitos allí, Helen se porto estupendamente con nosotros. Mi tía tenía un perro penikes llamado “Marco Antonio”, algo gruñón y con muy malas pulgas. Pero a mi me gustaba más la pastor alemán que tenían como guardiana del chalet, “Vanesa”. Recuerdo como el viernes por la noche, me estaba bañando yo solo en la bañera, y Helen me dijo que si entraba a ayudarme, pero a mi me dio mucha vergüenza y le dije que no. Recuerdo como su hermana, Cristina, me daba conversación. También recuerdo a los padres de Helen, Enrique y Manuela, que también se portaron estupendamente.












Ese viernes empezaba en la televisión una nueva etapa del concurso “un, dos, tres, responda otra vez” en el que todavía estaba como presentador Kiko Ledgard y todavía estaba “Don Cicuta” como jefe de los tacañones. Entre las nuevas azafatas, estaba una que con el tiempo se convirtió en una famosísima actriz, me refiero a Victoria Abril. Por cierto, mis tíos no me dejaron ver el programa, ya que dijeron que un niño de 8 años a las 9.30 tiene que estar en la cama….. Unos días después, mi hermano Fernando ya estaba en casa, algo delicado, pero ya recuperándose. Regresamos a casa, recuerdo las lágrimas de mi madre cuando llegamos, y el abrazo que me dio al verme. Recuerdo lo que nos reímos al contarnos mi madre como mi hermano, insulto a una monja que venia todas las noches a la habitación a ponerle una inyección. Según parece, la hermana era un poco “sádica”. En aquella época, era muy habitual que hubieran religiosas trabajando en hospitales haciendo labores propias de enfermeros/as….











Unos días después de aquello, un sábado por la noche, estaba viendo el programa “informe semanal” y pusieron un reportaje sobre el reciente golpe de estado en Argentina, a manos del General Videla, derrocando a la viuda de Perón, Mª Estela Martínez de Perón, “Isabelita”. Y también recuerdo haber visto un reportaje sobre el primer vuelo comercial del Concorde….

2 comentarios:

Patri dijo...

Tus historias me encantan, las leo embelesada y a mí me llegan recuerdos de mi propia infancia.

Fui, soy y seré una entusiasta del un dos tres, creo que marcó la vida de muchos españoles.

Besotes cielo

El vulcano dijo...

Gracias Patri, por tus palabras. A ver si paso a verte al tuyo, lo siento, de verdad, pero estoy tan liado. Disculpame. Besotes....