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miércoles, 22 de octubre de 2008

1976 (VI) La Danza de la Lluvia

Recuerdo que en los últimos meses del año el centro de atención estaba en el famoso referéndum que se iba a celebrar el 15 de diciembre y aprobado por las Cortes Generales en septiembre. El flamante y joven presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, había salido en televisión explicando aquello de la reforma política en el nuevo marco pluralista que había en España.






Pluralismo o no, el caso es que España estaba empezando a ser diferente a lo que había sido. Para mí, en mi inocencia de niño, y pensándolo ahora con la perspectiva del tiempo que ha pasado, fue como pasar del blanco y negro al color. Es curioso que hasta mis recuerdos a partir de esa fecha ya empiezan a tener color, cosa que los anteriores son en blanco y negro. Ya había visto algún que otro televisor en color, cosa que me llamaba poderosamente la atención. Y en la calle, todo eran fotos de culos y tetas….a todo color….








Todo esto contrastaba con la imagen y las formas de mi colegio. En aquel edificio parecía que los cambios no habían llegado y que como ultimo valuarte de moral y virtud, aguantaba el tipo. Aparte de cambiar las fotos de Franco por las del Rey, en líneas generales, poco había cambiado. Creo que también influía el hecho de estar pared con pared pegado a la iglesia del barrio. Don Vicente, el párroco, era de los de la vieja guardia (creo que ya anteriormente había comentado algo de él) Más o menos en aquel otoño fue cuando mi hermana Elisa y yo empezamos la catequesis para poder tomar nuestra primera comunión al año siguiente. Recuerdo como Feli, la mujer que cuidaba de la casa del cura, impartía las clases de catequesis. Era una mujer de unos 55 años, menuda, vestida de gris-negro, con gafas y un moño en su pelo, también de color gris. En alguna que otra ocasión Don Vicente aparecía para rematar la clase. Teníamos que ir todos los días, después del colegio, a eso de las 5.30 de la tarde hasta las 7 ó las 8. Y los domingos, por supuesto, a misa. Las clases las dábamos en una especie de cuartillo que había detrás de la sacristía. Recuerdo los muebles antiguos, el olor a antiguo, en pocas palabras, el pasado gris…..



En casa las cosas eran bien diferentes. Una de las cosas que me enorgullecen de mi familia es el sentido de humor de mi madre. Con ella, incluso ahora, con todos los problemas que tiene o más bien, tenemos, a veces nos tenemos que reír. Mi padre, a pesar del susto de la pesca, siguió saliendo a pescar y mi madre, de broma, le decía: “voy a bailar la danza de la lluvia y os vais a mojar” Al principio aquello no paso de una simple amenaza, pero recuerdo un sábado por la noche, preparándole la cena para que se fuera a pescar, como mi madre nos puso a todos en fila y alrededor de la mesita del salón, plumero en mano, empezó a bailar en circulo con nosotros y a hacer como en las películas hacían los indios……realmente una escena divertida. A mi padre aquello le daba algo de miedo, porque lo más gracioso de todo, es que si que llovía…..pero alguna que otra vez vi como a mi padre se le escapaba una risa furtiva….






Entre catequesis y la campaña del referéndum llegue a diciembre, a punto de cumplir mis nueve años de vida. Recuerdo aquella canción que se puso de moda y auspiciada por el gobierno, del grupo Jarcha llamada “habla, pueblo, habla…” El caso es que la campaña hizo su efecto, el resultado del referéndum fue positivo y se aprobaba por una gran mayoría la reforma política. Más o menos a finales de año llegaron al edificio donde vivíamos unos vecinos nuevos, eran un joven matrimonio. Durante esos primeros tiempos los veíamos con cierta curiosidad, ya que no hablaban con nadie. Eran de un pueblo de Zaragoza, llamado Caspe y el marido, Jesús, trabajaba en la fábrica Cross que había enfrente de casa. Recuerdo la nochevieja de 1976, con aquel programa de después de las campanadas, con un más que notable elenco de artistas, lo más de la época. Recuerdo en particular a dos jovencísimas chicas, que iban vestidas una de negro y otra de blanco, cantando una canción en inglés titulada “Yes sir, I can´t boogie” eran las “Baccara”. Al día siguiente, año nuevo, por la tarde fuimos a casa de Manolo y Vicentina, aquellos amigos de mis padres, y por la tarde, volvieron a repetir el programa de por la noche y las volví a ver…..ya estábamos en 1977……

viernes, 17 de octubre de 2008

1976 (V) Cacahuetes made in USA

A mediados de septiembre empecé 4º de E.G.B., y estrene nueva profesora. Me tuve que despedir de los mimos de Doña Margarita. Mi nueva profesora creo que se llamaba Doña Amparo, aunque no recuerdo muy bien su nombre. El caso es que me era antipática. Venia siempre su marido a recogerla en un RENAULT R-12 de color verde oscuro. Recuerdo como un día me saco a la pizarra para que resolviera una división con dos números en el divisor y que yo todavía no sabía muy bien como hacerla. Recuerdo el mal trago que pase pensando en que me iba a castigar. Tengo que reconocer que la mujer no me castigo y creo que al final de todo, no fue tan mala profesora.


Ese año, como novedad, en vez de comprarnos la ropa para el curso en SIMAGO, mis padres nos la compraron en los grandes almacenes GALERIAS PRECIADOS, que llevaban aproximadamente un año abiertos aquí en Alicante. Mis padres un sábado por la tarde, se habían sacado la tarjeta de compras de los grandes almacenes. Aquel establecimiento era enorme en comparación a SIMAGO. Recuerdo que toda aquella ropa la compramos a plazos, en lo que ellos denominaban un “Credi-moda”. El material escolar lo compramos en una papelería que habían abierto, justo en la plaza principal de San Gabriel, enfrente del colegio y la iglesia. En aquella papelería, tenían sobres con sellos variados de distintos temas, especiales para coleccionistas, con lo cual, pude ampliar bastante mi colección de sellos. Entre los sellos que conseguí en aquella época, había uno que me gusto mucho, salía un billete de dólar antiguo, y era de una serie conmemorativa del 200 aniversario de la declaración de independencia de los Estados Unidos…en 1776. En Estados Unidos precisamente, estaban en aquella época de elecciones. Hablaban mucho del que seria después presidente, un tal Jimmy Carter. Según decían, tenía una plantación de cacahuetes. Recuerdo aquel hombre, con aquella sonrisa y aquellos dientes….El caso es que a mi me gustaba Betty Ford, la mujer del entonces todavía presidente, Gerald Ford. No se, la vi en unas imágenes y me resulto simpática. Por lo que he leído después de ella, me parece alguien interesante. Y Alguien de quien se hablo mucho por aquella época fue de Mao, el poderoso líder chino que falleció el 9 de septiembre de aquel año. A mi me parecía un chino bastante feo….

En ese otoño mi padre empezó una afición que nos trajo un buen disgusto. Con unos amigos se iban de pesca, pero no a la costa, como mucha gente, sino con una pequeña barquita con un motor fuera-borda, se internaban mar adentro, a unos aproximadamente 3 ó 4 km. y allí paraban el motor y se ponían a pescar. Solían salir del puerto deportivo de La Albufereta, en una pequeña barca de apenas 4 metros de eslora. Normalmente iban Antonio Murcia, un amigo de mi padre, Fele y mi padre. Salían por la tarde-noche de los viernes o sábados, y poco antes del amanecer, regresaban a puerto. Cierto día, domingo, mi madre empezó a preocuparse porque ya estaba bien entrada la mañana, y mi padre no había regresado todavía. Subió a casa de Fina, nuestra vecina de arriba y única en el edificio que tenia en aquel entonces teléfono. Llamaron a la Guardia Civil y denunciaron la desaparición de Antonio y de mi padre. Recuerdo ese día, algo nublado y con una espesísima niebla, que según parece, ese fue el motivo de la desaparición de mi padre. Me acuerdo de aquellos Guardias Civiles que se presentaron en casa, del ir y venir constante de vecinos por casa, del estado de nervios de mi madre, del comentario de Maruja, nuestra vecina de abajo, diciendo aquello de “estarán donde Cristo perdió la alpargata”….En la madrugada del domingo al lunes, sobre la 1.30, mi padre entro en casa. Al día siguiente nos contó su odisea, en alta mar, se levanto una niebla tan espesa que ni tan siquiera podían verse Antonio y él, en aquella barca de apenas 4 metros. Que sin instrumentos de navegación, sin radio y sin tan siquiera una socorrida brújula, decidieron no arriesgarse a dar vueltas y con ello quizás adentrarse más en el mar. Se quedaron quietos, a la deriva. El tiempo transcurría hasta que en medio de aquella niebla escucharon un sonido de un barco cercano. Decidieron encender el motor y salir a su encuentro. Afortunadamente lo encontraron, un carguero que iba en dirección a Valencia, al verlo, lanzaron una bengala, y el barco les auxilio. Los remolcaron hasta el cercano puerto de Santa Pola, donde ya pudieron desembarcar, e imaginándose el infierno de sus seres queridos y que habrían denunciado su desaparición, se dirigieron inmediatamente a la Comandancia de Marina…..



Toda una odisea como he dicho antes, pero a pesar de aquello, mi padre siguió saliendo a pescar, eso si, con brújula, alimentos de sobra, e incluso en la última barca que tuvo, llevaba una pequeña emisora de radio…….

viernes, 8 de agosto de 2008

1976 (IV) Queen Mercedes

Aquel verano transcurrió más o menos igual que los anteriores. Al terminar el colegio a finales de junio, durante unos días no hacíamos más que bajar a la calle a jugar. Ahora que lo pienso, en aquella época se vivía en la calle. Todos los niños del barrio estábamos en la calle, si no estábamos en los columpios de la plaza que había en la calle de atrás, estábamos en le campo de fútbol, o paseando por aquel campo delante de la fábrica, lleno de árboles y arbustos. Alguna tarde nos íbamos con mi madre y con algunos vecinos a la playa que había cruzando la carretera. Allí nos pasábamos la tarde, merendábamos y disfrutábamos de la playa.





Un día me levante temprano y me fui con mi padre al taller a “trabajar” con él. Necesitaba también un corte de pelo y siempre mi padre nos llevaba a mi hermano y a mi a un barbero que había en la calle de atrás del taller. El barbero se llamaba Pepito, un hombre un poco mayor que mi padre. Recuerdo que era la típica barbería de barrio, pequeña, con dos sillones de barbero, el inmenso espejo, las cuchillas, las tijeras y demás utensilios. Me acuerdo que como las sillas eran para personas adultas, y que para poder cortarme bien el pelo, me ponía una especie de cajón de madera entre el asiento y mi culo. La radio siempre encendida, las revistas que habían en las sillas de espera….y las conversaciones, lo típico fútbol y toros….




Los días de verano en el taller eran muy entretenidos, coches que entraban, se reparaban y salían. Recuerdo aquellos Seat 1430, o los Simca 1200, y como no, los Renault R-12…pero a veces siempre había algún coche extraño y particular. Recuerdo un Opel Kadett muy bonito. También recuerdo que más o menos por esa época oí la noticia de que se empezaban a fabricar coches Ford en España, en concreto, el modelo Fiesta.




Mis abuelos vinieron, como siempre, en agosto. Fueron a El Campello y esta vez alquilaron una planta baja, que tenia un patio enorme…. Aquella casita estaba muy bien. Recuerdo mucho el olor de la colonia que utilizaba mi abuelo. Venían en un Seat 1500 también con motor diesel. Se lo había comprado mi padre un par de años antes, cuando fuimos nosotros a Sevilla en 1974. Ese verano, mi padre le había localizado uno, de un taxista, lo había reparado de todo y lo había llevado al chapista, pintándolo de blanco. Aquel 1500 lo tuvo mi abuelo hasta 1982….Mary, mi tía, se había convertido en una adolescente de 14 años….Recuerdo que mi abuelo ya hablaba de política, de la reciente amnistía general dictada por el rey Juan Carlos el 30 de julio, pero yo seguía sin entender nada, porque a pesar del nuevo talante, todavía se guardaba una cierta compostura en las tertulias. Supuestamente, las leyes del antiguo régimen estaban todavía vigentes, y todavía no se habían legalizado los partidos políticos. Se hablaba de la reforma de las leyes y recuerdo que mi abuelo decía algo así como “nosotros no lo vemos nada claro”. Con la perspectiva del tiempo, era lógico, los comunistas como mi abuelo veían que la transición se pretendía hacerla sin contar con ellos, que durante décadas habían estado allí, siendo la organización más importante de oposición al Franquismo.




Casi a punto de terminar el verano, mi padre me dijo que se había comprado un coche. Cuando de su boca salio la palabra “Mercedes” se me ilumino la cara. En aquella época, donde solo habían Seat, Renault, Citroen Y Simca, el Mercedes suponía el símbolo de estatus social. Lógicamente, mi padre no daba el arquetipo de usuario de la marca de la estrella. Cuando llegue al taller para ver el famoso coche, me encontré con un modelo de finales de los años 50, era una berlina modelo 190 diesel. Aquel Mercedes estaba algo viejo, y muy estropeado. Un par de semanas después, recuerdo que mi padre me había dicho que lo estaba reparando. Cierto sábado, lo esperábamos en la calle, porque iba a venir con el coche ya terminado. Cuando lo vi entrar en la calle, me quede boquiabierto, con su pintura beige crema, reluciente, los asientos tapizados en polipiel, los cromados relucientes, era de verdad un coche precioso. Recuerdo como las puertas pesaban muchísimo y también el peculiar ruido al cerrarlas. El cambio de marchas lo tenia en la columna de dirección, muy en boga en los años 50, y mi padre, años después, me contaba la suavidad con la que funcionaba aquella palanca. Decía que pisaba el embrague, y simplemente empujando la palanca con un dedo, la marcha engranaba perfectamente. Al día siguiente nos fuimos a comer a casa de Ramón, el empleado que tenía mi padre, y cuando salimos, la estrella del radiador del Mercedes había desaparecido.





La misma tarde que fui a ver el coche la primera vez, recuerdo que puse la radio que mi padre tenia en el taller. Oí una canción que me gusto muchísimo, era del grupo ABBA, la canción era Dancing Queen….

jueves, 12 de junio de 2008

1976 (III) Menos mal que nos queda Montreal

Esa primera semana santa sin Franco fue algo distinta. De alguna manera, en televisión, se “frivolizaba” un poco más de lo habitual, aunque tampoco es que hubiera cambios radicales. Recuerdo los programas musicales donde siempre aparecía el famoso “Ballet Zoom” dirigido por Valerio Lazarov. Todos aquellos bailarines empezaron a ser casi tan famosos como las estrellas a las que acompañaban en sus actuaciones.

En el mes de mayo, mientras yo estudiaba en el colegio y en los pasillos al salir de clase rezábamos “con flores a Maria” se estreno en España la polémica película “La naranja mecánica” Recuerdo haber oído hablar a mi padre y a mi tío sobre aquella película. Recuerdo ir en el coche con mi padre, y en la Avenida Benito Pérez Galdos, en las farolas, siempre ponían colgando la cartelera de los diversos cines. Entre las películas que recuerdo haber oído algo, sobre todo en el programa que hacían por la TVE-2, Revista de Cine, esta Taxi Driver. En la “segunda cadena” también más o menos por aquella época empezaron a poner muchas películas subtituladas que veíamos en casa. Sobre todo eran películas checoslovacas y polacas. También salio en los kioscos un periódico nuevo llamado “El País”, que mi padre lo compro en alguna que otra ocasión.

Aprobé más o menos bien el curso, gracias a los mimos de Doña Margarita (un cielo de profesora y de persona, todavía cuando nos ve a mi madre y a mi por la calle, nos saluda efusivamente…) Mi hermano Fernando afortunadamente tuvo una rápida recuperación, aunque a partir de entonces, a él también empezaron a darle ataques de asma, con lo cual, yo perdí un poco el protagonismo de “hijo enfermo” que tenía hasta la fecha. Incluso mi madre cuenta la anécdota que mi hermana Elisa, un tiempo atrás, fingía de vez en cuando estar enferma, para llamar la atención. Elisa siempre ha sido, físicamente hablando, una persona muy fuerte.

Ya en junio, en las fiestas de nuestra ciudad, se notaba ese ambiente de cambios. Los ninots ya empezaban a mostrar distintas partes de la anatomía femenina. Opulentos escotes y algún que otro pezón incipiente….En esa época fue cuando empezaron los Juegos Olímpicos de Montreal. Fueron quizás los primeros juegos olímpicos de los que tengo conciencia, ya que los anteriores de Munich en 1972, no los recuerdo. De lo que más me acuerdo es de una gimnasta rumana llamada Nadia Comaneci. Me acuerdo también de aquellas carteras de polipiel con el escudo olímpico y la reseña de Montreal 1976.

El primero de julio estábamos todos comiendo en casa, viendo el telediario cuando dieron la noticia de que el presidente del gobierno, Carlos Arias Navarro, dimitía. Yo lo recordaba de cuando salio medio llorando anunciando la muerte de Franco. Unos días después, salía la noticia del nombramiento del nuevo presidente: Adolfo Suárez. Recuerdo que aquellos días en televisión hicieron una campaña para dar a conocer al nuevo presidente. Era un hombre joven, bien parecido, y las imágenes que aparecían en televisión le daban un toque de persona normal, tan alejada de aquellos señores grises que hasta entonces aparecían en televisión. Recuerdo incluso unas imágenes en donde Adolfo Suárez entraba en el garaje de su casa, conduciendo él mismo un modesto SEAT 127. No se, quizás al escribir estas palabras me condicionen los hechos que pasaron después, pero creo recordar que aquel señor me cayo bien, me era simpático.



Cada dos por tres, nuestro viejo televisor se estropeaba. Mi padre avisaba a un amigo suyo, técnico llamado Mario. Aquel hombre, algo gordo y cojo nos arreglaba el televisor que ya tenia demasiados años. Me acuerdo de la furgoneta Citroen 2 Cv que tenia.

Aquellos primeros días de verano los pasamos jugando en el campo de fútbol que teníamos delante de casa y haciendo excursiones al descampado que había al lado de aquel campo. Llegábamos casi hasta una especie que tubería gigante, cerrada, que provenía de la fabrica Cross. Íbamos también a la playa que teníamos al lado de casa, cruzando la carretera general. En aquella época veía con mi padre el programa Mas allá, que trataba sobre temas ocultos. Aquello de los ovnis me llamaba poderosamente la atención. Me pasaba las horas mirando al cielo esperando tener un encuentro en la tercera fase….En esos días también oí por televisión que una nave no tripulada de la N.A.S.A., la Viking I, había aterrizado con éxito en Marte….

jueves, 21 de febrero de 2008

1976 (II) Entre nietos y abuelas

No hacían más que oírse huelgas, huelgas y protestas de trabajadores por todos los lados. Había quien auguraba que esto solo era el principio de la hecatombe, que al morir Franco todo se cambiaria a peor. Por si fuera poco, la sombra del terrorismo asomándose cada dos por tres. Y por supuesto, todavía algunos sectores del ejército, la policía y otros afines al antiguo régimen, seguían mandando, y a veces, se les iba un poco la mano. Los sucesos de Zumarraga, en febrero de 1976 saldándose con 5 trabajadores muertos son un buen ejemplo de lo que digo.
















A mi hermano Fernando, 3 años menor que yo, unos meses antes le habían quitado las amígdalas. En aquella época (bueno, y ahora parece que se ha vuelto a poner de moda) era muy normal quitar las amígdalas para evitar las famosas infecciones y subidas de “anginas” como se decía. No paso mucho tiempo desde mi noche sangrienta cuando mi hermano Fernando se acatarró. Aquel constipado no parecía remitir y cierta mañana, mi madre algo nerviosa, llamo por teléfono a mi padre y al rato, llego a casa con mi abuela Concha. Mis padres, junto con mi hermano Fernando, se marcharon al médico, quedándonos al cargo de mi abuela, mis hermanas Elisa y Verónica, y yo.












En aquella época, los trabajadores autónomos como mi padre, no tenían derecho a la famosa “seguridad social”, por lo que nosotros teníamos un seguro médico privado, en aquella época, caro, muy caro. A mi hermano lo llevaron a la Clínica Vistahermosa, un centro privado, donde en esos tiempos, si no pagabas las medicinas que te hacían falta, ellos no te las ponían. En alguna que otra ocasión, mi padre tuvo que ir con el coche a buscar la farmacia más cercana para “comprar” las medicinas que los doctores habían recetado; ya que en el supuesto centro hospitalario no las tenían. Mi hermano ingreso sobre las 11 de la mañana, y el médico que lo tenía que ver, no lo visito hasta las 9 de la noche. Mi madre, antes de salir de casa, le puso uno de mis famosos supositorios solufilina sedante. Cuando mi madre le explico al médico que ella en previsión de lo que tenia mi hermano, le había dado aquel medicamento; el médico felicito a mi madre diciéndole: “señora, le ha salvado la vida a su hijo”. Mi hermano tenía una bronconeumonía doble, y a esas horas de la noche, tenía un pulmón encharcado y el otro casi. Quizás y solo por eso, muchas veces cuestiono ciertos temas como la medicina privada y la automedicación.












Nosotros en casa, ajenos al sufrimiento de mi hermano, seguíamos al cargo de mi abuela. Concha era una mujer de mucho carácter, decir que era “mala” estaría muy feo por mi parte. Provenía de una familia de mineros de la parte de Mazarron en Murcia, viniendo a Alicante a principios de los años 30, donde se puso a servir en una casa. Madre soltera en los años 40 (mi padre, hijo ilegitimo de un hombre casado) volvió a recaer con otro hombre casado y a tener otro hijo (mi tío). Alcohólica, algo egocéntrica y paranoica.











Estando Concha en casa, nos empezó a preguntar que si madre hablaba mal de ella, que ella quería mucho a nuestra madre, pero que nuestra madre no la quería. Vamos que intento manipularnos de mala manera. Cuando llego la noche, en vez de quedarnos en casa, Concha tomo la decisión de que nos fuéramos a su casa en el autobús. Su casa, en pleno centro de la ciudad, era una casa del siglo XIX, un cuarto piso, viejo, viejo, viejo, en unas condiciones casi insalubres. A la mañana siguiente, llamo a mis padres para decirles que “ella no se podía ocupar de 3 niños, que tenía cosas que hacer”. Mi tía Helen, que estaba en ese momento visitando a mi hermano, le dijo a mi madre: “no te preocupes, yo paso a por ellos y me los llevo al Chalet, yo cuidare de tus hijos”.
















Al día siguiente, después de la segunda noche en casa de Concha, Helen paso por su nosotros. Iba conduciendo el famoso Mini que se habían comprado antes de la boda. En el asiento delantero, iba nuestro primo Carlos, de apenas unos meses de vida. Recuerdo el viaje desde casa de mi abuela hasta el chalet de mis tíos en Vistahermosa. Cuando llegamos, a mi me dijo que iba a dormir en una habitación yo solo, y que mis hermanas dormirían juntas en otra. Recuerdo que pasamos unos días muy bonitos allí, Helen se porto estupendamente con nosotros. Mi tía tenía un perro penikes llamado “Marco Antonio”, algo gruñón y con muy malas pulgas. Pero a mi me gustaba más la pastor alemán que tenían como guardiana del chalet, “Vanesa”. Recuerdo como el viernes por la noche, me estaba bañando yo solo en la bañera, y Helen me dijo que si entraba a ayudarme, pero a mi me dio mucha vergüenza y le dije que no. Recuerdo como su hermana, Cristina, me daba conversación. También recuerdo a los padres de Helen, Enrique y Manuela, que también se portaron estupendamente.












Ese viernes empezaba en la televisión una nueva etapa del concurso “un, dos, tres, responda otra vez” en el que todavía estaba como presentador Kiko Ledgard y todavía estaba “Don Cicuta” como jefe de los tacañones. Entre las nuevas azafatas, estaba una que con el tiempo se convirtió en una famosísima actriz, me refiero a Victoria Abril. Por cierto, mis tíos no me dejaron ver el programa, ya que dijeron que un niño de 8 años a las 9.30 tiene que estar en la cama….. Unos días después, mi hermano Fernando ya estaba en casa, algo delicado, pero ya recuperándose. Regresamos a casa, recuerdo las lágrimas de mi madre cuando llegamos, y el abrazo que me dio al verme. Recuerdo lo que nos reímos al contarnos mi madre como mi hermano, insulto a una monja que venia todas las noches a la habitación a ponerle una inyección. Según parece, la hermana era un poco “sádica”. En aquella época, era muy habitual que hubieran religiosas trabajando en hospitales haciendo labores propias de enfermeros/as….











Unos días después de aquello, un sábado por la noche, estaba viendo el programa “informe semanal” y pusieron un reportaje sobre el reciente golpe de estado en Argentina, a manos del General Videla, derrocando a la viuda de Perón, Mª Estela Martínez de Perón, “Isabelita”. Y también recuerdo haber visto un reportaje sobre el primer vuelo comercial del Concorde….

martes, 12 de febrero de 2008

1976 (I) Tetas, Globos y Dirigibles

Entre los juguetes que me trajeron ese año “los reyes” recuerdo en especial un bonito SEAT 127 de color verde oliva que se le abrían todas las puertas y los capots. Recuerdo también el primer programa de “La clave” de Jose Luis Balbín, aquella música de los créditos daba mucho miedo. El programa versaba sobre los espías, y fue interesante ver un debate en televisión, ya que hasta entonces, no es que hubiera muchos programas como aquel en televisión.










No se porque pero se respiraba otro ambiente, y también se notaba en la calle. A pesar de que seguíamos rigiéndonos por las leyes fundamentales del régimen franquista, en la prensa, por ejemplo, había cierta relajación con respecto a la censura. Empezaron a aparecer poco a poco, revistas de opinión, y como no, revistas en las que aparecían mujeres desnudas. Esto lo recuerdo como una auténtica revolución. Mis padres en lo que se refiere a la “censura” con nosotros, sus hijos, habían sido muy permisivos. Cuando en televisión aparecían aquellos famosos rombos avisando que el contenido del programa no era apto para menores, mis padres no hacían mucho caso. También es cierto que lo que en aquella época, y bajo aquel gobierno, se consideraba no “apto”, ahora nos daría risa. Por otro lado, mi padre en su taller, en la oficina, tenía alguna que otra revista que le había traído algún amigo camionero del extranjero. Eran revistas eróticas, no pornográficas, y aquellas revistas yo alguna que otra vez ya les había pegado algún vistazo. Por eso, cuando mi padre, en el kiosco de toda la vida, donde los domingos compraba el periódico y a nosotros alguna que otra baratija de niño, empezó a comprar aquellas revistas de desnudos, fue un gran cambio. Recuerdo como cierto domingo (quizás no fuera exactamente a principios de 1976) vino mi abuela Concha a comer a casa. En la mesa bajita de delante de los sofás, mi padre tenia ahí la revista “Interviú”, famosa por sus artículos de interés y como no, por sus desnudos de famosas en sus páginas centrales. Mi abuela le armo una bronca a mi padre porque según ella, “aquello era de muy mal gusto y vaya ejemplo tan asqueroso que le estas dando a tus hijos”….Mi padre le respondió que él no consideraba que el cuerpo humano fuera algo asqueroso, y que él quería que sus hijos no tuvieran tabúes ni perjuicios. No se si lo habrá conseguido…..Entre todas aquellas bellas mujeres ligeras de ropa, quizás destacaban dos en concreto, Agata Lys (nuestra particular “Marlilyn Monroe”) y Susana Estrada (una especie de “Cicciolina” a lo español).



















Aquellas tardes de invierno al acabar a las 5 el colegio, recuerdo que volvía a casa, merendaba y me ponía a jugar con mis hermanos. Al rato, empezaba la programación infantil en televisión. Recuerdo el programa presentado por aquella presentadora, tristemente desaparecida, Mª Luisa Seco. El programa se llamaba “un globo, dos globos, tres globos”. Recuerdo también como en aquella época, no hacia más que recopilar sellos, esa nueva afición que había empezado. Toda carta que encontraba por casa, le recortaba el sello, lo metía en agua para despegarlo del sobre y lo metía en una caja metálica que tenia donde los guardaba. Empecé a atesorar sellos, sobre todo, los clásicos con la efigie de Franco. Recuerdo las primeras monedas que empezaron a circular con la efigie del Rey, Juan Carlos I rey de España.




En los telediarios seguían apareciendo noticias de “elementos subversivos”, de numerosas huelgas “ilegales”, así como se hablaba de la sombra y presencia del terrorismo. En mi inocencia de niño, pensaba que aquello del terrorismo consistía en que por las noches, entraban aquellos malvados en una casa normal, como la nuestra, y se dedicaban a darnos sustos. Esa sensación de cambio que he dicho al principio también se notaba en la calle, la gente estaba nerviosa. Se hablaba también de crisis económica, de desempleo, de cierre de fábricas y de inestabilidad política. Pero había algo de lo que también se hablaba y mucho, AMNISTIA. Recuerdo también que por las calles, en paredes y muros, aparecían pintadas con las palabras “amnistía y libertad”.






Una noche de aquel invierno, me encontraba bastante mal de mi enfermedad. Todos ya se habían acostado, pero yo no podía dormir. Antes de acostarme, mi madre ya me había dado todas las medicinas que debía tomarme en caso de estar con mis ataques. Entre ellas, recuerdo los famosos supositorios de Solufina Sedante. Aquellos “misiles anales” me descomponían algo el estómago. Aquella noche, después de un retortijón de barriga, me tome un vaso de agua y casi me asfixie al tragarlo. Un rato después, viendo que no se me quitaba el asma, mis padres se levantaron y decidieron llevarme a un dispensario médico para que me pusieran una inyección de cortisona. Aquella inyección era como mano de santo. Me llevaron a lo que se conoce por aquí como “la casa de socorro”, en pleno centro de nuestra ciudad. Cuando llegamos allí, subimos al primer piso y nos dijeron que debíamos esperar, que el personal médico estaba operando a un accidentado de un accidente de coche. Cuando salió el médico, iba con su bata completamente ensangrentada, parecía un carnicero. Aquello me asusto un poco. Durante la espera, había estado mirando por la ventana, enfrente del edificio estaba el cine Ideal, y en su fachada en aquella época, todavía ponían esos enormes carteles pintados con la película que ponían en ese momento. Recuerdo como me impresionó el cartel de la película, y que le dije a mi padre que cuando estuviera bien, que me llevara a verla. Era un dirigible explotando, el dirigible “Hindenburg” y la película del mismo título, protagonizada por George C. Scott y Anne Brancroft (Mrs. Robinson, ya saben, la de “El Graduado”….). Al volver a casa, algo extenuado, y ya bastante mejor del ataque de asma, mi padre me llevaba en brazos. Me acuerdo que me pregunto se me había meado encima, ya que noto que mi pijama estaba húmedo. Yo le dije que no, y al llegar a casa, resulta que me sangraba donde me había pinchado el médico. No era nada grave, con unas friegas de alcohol, la hemorragia ceso. Fue lo que llamaríamos una noche sangrienta.