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lunes, 29 de octubre de 2007

1974 (VII) Punto y seguido

Diciembre era un mes muy especial, ya no sólo por la navidad, sino porque coincidían varias celebraciones, entre ellas, mi cumpleaños. Pero antes, estaba la festividad de “la Inmaculada Concepción”, que era el santo de mi abuela Concha. Solíamos ir a comer, al igual que el día de San José, con mis tíos y mi abuela; y como pasaba en esa fecha, había mal rollo. Recuerdo peleas, el mal humor de mi madre y más cosas que yo no entendía. Lo bueno de todo aquello, es que normalmente después nos íbamos a la Feria de Navidad, una especie de parque de atracciones ambulante que instalaban a las afueras de la ciudad desde primeros de diciembre y hasta mediados de enero. Me encantaba subirme a una especie de tiovivo pero en vez de caballitos, tenia varios coches, un tanque, un coche de bomberos, un coche de caballos, y así un montón de cosas.
Mi cumpleaños lo celebramos un domingo, mi madre preparo unos bocatas y de postre, había bocaditos de nata, que me encantaban. Invite a varios compañeros del colegio, y la fiesta fue todo un éxito. Creo que fue la primera fiesta de cumpleaños multitudinaria que he tenido en mi vida. Ya me sentía todo un hombrecito, de 7 años….
En esos días previos a la navidad, en casa nos poníamos mis hermanos y yo, con mi madre a poner el árbol de navidad y el belén. Nos hacia tanta ilusión, recuerdo poniendo con mi madre las bolas de adorno del árbol, las figuras y todos los adornos. Las bolas eran de un cristal opaco, y solían romperse con mucha frecuencia. Teníamos una con forma de botijo, de color azul marino, que según mi madre, se la había regalado mi abuelo en el año 1962…
El Belén era también una tradición importantísima. Normalmente, el fin de semana anterior a Nochebuena, solían venir Ramón, el empleado que tenia mi padre (como ya he comentado antes, Ramón es casi de la familia) y su mujer. Ramón se traía un saco de cemento y con una puerta vieja que teníamos en casa, la poníamos con unos soportes, y con el yeso, Ramón montaba una especie de “diorama” increíble. Cuando se secaba, le poníamos la vegetación artificial y luego a llenarlo de figuritas. Pastores, el “caganet”, la lavandera, los magos de oriente, los camellos, el ángel, Herodes y sus soldados, la posada, y un sinfín de animales de corral, rebaños enteros de ovejas….palmeras….y por supuesto, el portal…..
Ese año, por iniciativa de Doña Margarita, participe en el festival de navidad del colegio, cantando un villancico con varios de mis compañeros. Yo tenía una pandereta en la mano, y cuando salimos al escenario, me puse rojo como un tomate y casi no me salía la voz. Y además, casi me dio un ataque de risa al ver sentada en el público a mi madre. También recuerdo que los de 8º de E.G.B. escenificaron un chiste de moda en aquella época: “Dos motoristas que dejan sus motos en la puerta de un Bar, cuando salen las motos habían desparecido, y le preguntan a un tonto que estaba allí sentado si había visto algo, el tonto les contesta que eran 2 y de la E.T.A.; porque al robarlas dijeron: Eta pa mi y eta pa ti…..” En fin, hasta hoy en día me parece tan inocente el sentido del humor….
También por aquellos días era el sorteo de la lotería de navidad, otro acontecimiento. Recuerdo ir por la calle y oír en todos los comercios y desde las ventanas, las radios escuchando el sorteo, y con siempre la misma cantinela de los niños de San Ildefonso. Ese año, el gordo cayo en el 12176, y no recuerdo que mi familia ese año, fuera tocada con la mano de la fortuna.
Llego la nochebuena, y como siempre, mi padre, mientras mi madre y mi bisabuela preparaban la cena, iba a recoger a mi abuela Concha. Cuando llegaban, siempre discutiendo, y mi abuela, erre que erre, el caso es que hasta que murió en 1985, en casa nunca tuvimos una nochebuena “tranquila”. Pero a pesar de todo, yo recuerdo las navidades con mucha nostalgia y con la magia e ilusión de los niños.
A diferencia del rey Juan Carlos I, Franco no aparecía en nochebuena, sino en nochevieja, y realmente lo recuerdo como un ancianito que daba hasta pena; claro que aquel ancianito….....
Mis padres salieron esa Nochevieja, y nosotros se supone que nos teníamos que acostar. Emilia, mi bisabuela, se quedo viendo el especial de Nochevieja que hacían en Televisión Española. Elisa y yo, los dos mayores, nos pusimos a corretear por el pasillo…al cabo de un rato, subió a quejarse nuestra querida vecina del piso de abajo, Maruja (nombre que por cierto, le hacia muchísima justicia, era la tal al uso, con batín, pantuflas, rulos en la cabeza y por supuesto, siempre al tanto de donde, quien, cuando y qué…. ) Tuvimos una buena bronca de mi bisabuela.

En fin, que creo que no recuerdo más del año 74, he intentado ser lo más fiel a la época, pero como ya dije, son mis recuerdos, y la mente humana, no es un archivo perfectamente ordenado. Ha sido muy bonito escribirlo, porque de alguna manera, al acordarme de olores, de imágenes, de sentimientos, de vivencias, lo he vuelto a vivir. Hace unos meses, estaba atravesando una depresión, y una de las cosas que pensaba, era que si existiera la máquina del tiempo, que volvería a ese año. De todos modos, no recuerdo quien, pero ya alguien dijo: “ningún tiempo pasado fue mejor”. Y nada, sólo me queda decir, que me he animado, voy a seguir, hablando de aquellos días….

lunes, 1 de octubre de 2007

1974 (VI) UN METEORITO, DON JUAN TENORIO Y EL 20 DE NOVIEMBRE

Fue algo muy raro, curioso y extraño. Era de noche, posiblemente no fuera en septiembre, quizás fue en primavera. El caso es que estaba asomado a la ventana del salón de mi casa, estaba mirando al cielo, hacia una noche muy bonita, las estrellas y la luna se veían perfectamente. De repente, vi caer “algo” como una bola incandescente pero de un extraño color verdoso, no debía de ser muy grande, y que caía del cielo en dirección a la parte de atrás del campo de fútbol que teníamos delante de casa. Llame enseguida a mi padre, pero cuando él llego, ya no se veía nada. Mi padre me dijo que a lo mejor aquello podría ser un “meteorito”.
También recuerdo que una de esas noches, mi padre llego de trabajar con la Bultaco, y mientras se estaba lavando en el cuarto de baño, desde la calle la escuchamos como la ponían en marcha, y al asomarnos, vimos como se alejaba el ladrón con ella, a pesar de los gritos de mi padre desde la ventana. No la volvimos a ver, aunque mi padre, un tiempo después, volvió a tener otra moto
Aquellas primeras tardes de otoño en el colegio las recuerdo con cierta nostalgia. Desde las grandes ventanas del aula, veíamos caer las hojas de los árboles. En el libro de ciencias naturales, que se llamaba creo recordar, “Cosmos 1º” aparecía en una de las primeras lecciones, las distintas estaciones del año, primavera, verano, otoño e invierno, y venia un dibujo de un niño en la misma posición, pero vestido de diferente manera según la estación. Doña Margarita, era una profesora muy agradable, ordenada, y recuerdo que por las mañanas, siempre con una letra impecable y bonita, ponía en el extremo de la pizarra, a la derecha, siempre la fecha: “Miércoles, a … de octubre de 1.974”. En ese otoño también hice un descubrimiento importantísimo que iba a cambiar mi percepción de las cosas. Me sentaba al lado de un compañero llamado Oscar, enseguida nos hicimos buenos amigos. Oscar era un niño muy divertido y algo caradura, y por lo que supe también, muy espabilado para su edad. Él fue quien me enseño los secretos de la vida y el amor (vamos, que me explico con pelos y señales lo que era “hacer el amor” o dicho más vulgar: “follar”). También recuerdo a una tal Margarita, rubia, muy rubia, que me reía mucho con ella. Y Eva, yo en aquella época sentía un amor platónico por ella. En esa época más o menos, se me había caído un colmillo de leche, y al volverme a salir ya mi colmillo “adulto” me salio en mitad de mi paladar. Eso significo que me pusieron un aparato para corregir mi dentadura, y que lleve hasta los 14 años, un auténtico martirio, del que todavía tengo secuelas (no piso la consulta de un dentista ni muerto). Recuerdo el primer día que fui al colegio con el aparato, y que Margarita y Eva, en el patio durante el recreo se pelearon porque una decía a la otra a quien le había dicho primero mi secreto. Recuerdo a mis compañeros, Mari-Carmen Barrios, muy dulce, Julián, primo de Oscar, también nos hicimos amigos, Mateo, otra Margarita, hija de mi profesora, Ana, Javier; es curioso, me acuerdo de más gente de la que pensaba.
En Noviembre siempre era costumbre coincidiendo con la festividad de todos los santos, que en televisión pusieran “El Tenorio”. Recuerdo una de esas tardes, en casa, como mi bisabuela, Emilia, nos preparo unos tazones de chocolate y nos hizo “picatostes” para mojar en el chocolate (los picatostes no eran más que una barra de pan, cortada en rebanadas y que se fríen en una sartén con aceite, luego, mi bisabuela espolvoreaba algo de azúcar.) También era típico preparar torrijas, que es muy parecido al picatoste, pero algo más laborioso (llevan leche y huevo…) Unos días después de aquello, en clase, Doña Margarita, puso como siempre, la fecha, y a continuación saco de su bolso una caja con tizas “de colores”. Yo hasta entonces, solo conocía las tizas blancas, por eso, ver esos colores en la pizarra me fascino. Empezó un dibujo que no entendí muy bien, era como una especie de lápida, con una cruz y detrás había un sol resplandeciente con un montón de pájaros volando por el cielo. Nos hizo copiar aquel dibujo y nos hablo de un hombre muy bueno que unos muy malos habían matado, y que por eso teníamos que recordar su sacrificio. Era un tal “JOSE ANTONIO PRIMO DE RIVERA” , algunos años más tarde, lo entendí todo.
Otra cosa que ahora me ha venido a la mente, es que muchos días, mi padre venía a comer a casa a eso de las 2 y media de la tarde, y que como nosotros entrábamos por la tarde al colegio a eso de las 3, pues nos llevaba en coche al colegio. A veces en el famoso 1500, que por aquel entonces mi padre lo había llevado al chapista para reparar la chapa, que estaba algo deteriorada, y aprovechando el momento, decidió pintarlo de un azul turquesa que visto ahora, le favorecía bien poco, aunque en ese momento, me pareció el color más bonito que podía tener un coche. Otras veces, se traía algún coche que en ese momento estaba reparando, por eso yo presumía ante mis compañeros de los coches que tenia mi padre. Recuerdo un Volkswagen Escarabajo descapotable, un Opel GT, un Alpine A108 y por supuesto, muchos Seat 850, Minis y Renault 8. Recuerdo también que por aquel entonces, mi padre tenía un amigo, Tony, que estaba metido en el mundo del toreo, era mozo de espadas de un famoso torero de esta tierra, y ganaba bastante dinero. Como afición le gustaban los coches, y como viajaba mucho, a veces encontraba coches algo “raros” (coches de importación) aquí en España, los compraba y mi padre se dedicaba a restaurarlos, y luego los vendían a buen precio.
Y por fin, llegamos a diciembre de 1.974, ¿habré encontrado lo que buscaba?........

lunes, 17 de septiembre de 2007

1974 (V) EN LA FIESTA DE BLAS

En casa no escuchábamos la radio, apenas cuando íbamos en el coche, pero a pesar de eso, en aquella época en televisión habían bastantes programas de contenido musical. Recuerdo algunas canciones, como “Acalorado” de Los Diablos, “La Fiesta de Blas” de Fórmula V y la que me gustaba mucho era “Gigi L’amoroso” de Dalida, claro que también el humorista Andrés Pajares hacia un versión algo particular de “Gigi”….
A finales de junio son las fiestas de la ciudad, tampoco las recuerdo en especial las de ese año, pero más o menos siempre era lo mismo. En aquella época casi todo el mundo, por ignorancia o por lo que fuere, las llamábamos a las fiestas “fallas” como en Valencia, el término “Hogueras de San Juan” llego a con la democracia. Nos íbamos alguna tarde-noche a la barraca de Guillermo, un amigo de mi padre, y allí nos pasábamos la noche, bailando y bebiendo (fanta de limón). Eran las únicas noches al año que trasnochábamos. Lo pasábamos bien, aunque a mi me daban pánico los petardos (en una ciudad como esta, tener miedo a los petardos es casi un pecado…forman parte de la fiesta). Creo que ese año la liga de fútbol la gano el Barça, aunque en casa no se veía mucho fútbol, a mi padre no le entusiasmaba. Termino el curso y empezó el verano, y algunos días me iba con mi padre al taller a trabajar, eso me hacía mucha ilusión. Me acuerdo de una banqueta de madera, donde yo me subía al banco de trabajo, y le limpiaba, con un trapo, la herramienta que él utilizaba. Me acuerdo que a eso de las 10, con Ramón, el empleado que tenía mi padre (digo empleado, aunque Ramón era casi de la familia…) nos sentábamos a la entrada del taller, donde daba algo el sol, y allí hacíamos el desayuno-almuerzo. Mi padre me decía que pidiera un bocadillo en el bar que había enfrente. Mi bocata favorito era de tortilla de patatas, mi padre no almorzaba. Me encantaba ver aquellos coches, con sus capots abiertos, con su motores abiertos y a medio arreglar. Cuando llegaba a casa, iba siempre sucio, muy sucio, y a veces mi padre me decía “…espero que cuando seas mayor trabajes en algo que no te tengas que ensuciar….”
Algunas tardes nos íbamos a la playa, cruzábamos la carretera y llegábamos a una playa, un tanto salvaje, y a veces contaminada, ya que los desagües de la “Cros” daban allí. En aquella época, no se tenía ninguna conciencia sobre el medio ambiente. Mi madre nos preparaba la merienda, y nos íbamos con varias vecinas y sus hijos allí a pasar las tardes.
Recuerdo que se hablaba mucho de una tal Patricia Hearst que unos terroristas habían secuestrado y que luego ella salio en unas imágenes atracando un banco con sus captores. Me acuerdo también de Nixon, que un presidente de los Estados Unidos dimitiera por el Watergate era mucho; claro que yo a mis 6 años el Watergate no sabia muy bien lo que era, pero deducía que nada bueno. También ese verano enfermo su Excelencia el Jefe del Estado, Francisco Franco y el entonces Príncipe de España, Don Juan Carlos asumió la jefatura del estado. A pesar de que en casa no se hablaba de política, si que recuerdo un comentario jocoso de mi padre diciendo: “…..….con el tembleque que tiene, a este le quedan 2 días….aunque creo que le llaman “el rexona”, porque nunca nos abandona….”(Rexona es una marca de desodorantes y en aquella época, su eslogan decía eso…)
A mediados de Agosto, vinieron mis abuelos de Sevilla a pasar el verano. Siempre alquilaban un apartamento en El Campello, un pueblecito de pescadores, a unos 8 Km. de la ciudad. El apartamento estaba en una urbanización que se llamaba “Casa Bonita” construida a mediados de los 60, en pleno apogeo del turismo. Recuerdo aquella playa de piedras, no de arena, aquellas olas tan grandes que podían conmigo y sobre todo, la compañía de mis abuelos y de Mari, mi tía. Ella tenía allí ya un grupito de amigas de años anteriores y que todavía, a pesar de los años, siguen teniendo contacto. Recuerdo aquella horchatería en el paseo marítimo, donde siempre iba mi abuelo y se pedía un “blanco y negro” (café granizado con Nata), y que había uno de los camareros, que en realidad era uno de los dueños y mi abuelo siempre me decía:”…ahí donde lo ves, es director de una sucursal bancaria….” Este hombre por las mañanas trabajaba en el banco y por las tardes, en el negocio familiar. Recuerdo la agenda de mi abuelo, siempre que llegaba a Alicante, se ponía a llamar a todos sus amigos (la mayoría, compañeros de la cárcel y del “partido”), mi abuelo era un hombre muy cumplido, muy amigo de sus amigos; dicen que yo he heredado esa virtud….
Una tarde jugando en el campo que había delante de casa, apareció un personaje algo extraño, llevaba un pantalón negro, muy ajustado, el torso al descubierto, estaba muy moreno, con barba y una coleta. Recuerdo sus tatuajes, letras orientales…. Y caminaba y hablaba solo, y al tiempo hacia como poses de artes marciales. Al principio pensé que se trataba de algún chiflado que se había obsesionado con la serie “kung-fu”. El caso es que unos metros detrás apareció una mujer algo mayor, con una maleta; su aspecto me recordaba a Mary Poopins, pero la mujer era bastante más mayor. Se sentó cerca de nosotros, el individuo seguía con sus “artes marciales” y de repente, la mujer abrió su maleta y saco el cuchillo más grande que yo había visto en mi vida. No se muy bien el porque, pero cogiendo de las manos a mis hermanos Elisa y Fernando, subimos corriendo a nuestra casa.
En septiembre, volvimos al colegio, yo empezaba 1º de E.G.B., por fin dejaba de ser un parvulario, para pasar a “mayores”. Recuerdo que me encantaba el olor de los libros nuevos, las gomas de borrar, los lápices, los cuadernos, las libretas, la cartera donde llevabas todo el sinfín de material escolar. Todavía hoy en día, me encanta entrar en una papelería y disfrutar de todos esos olores. Unos días antes, habíamos ido a Simago, una cadena de grandes almacenes que ya no existen y que en aquella época, era los únicos en nuestra ciudad. Mi madre siempre tenia la manía de vestirnos a todos igual, como si fuéramos gemelos, me explico, los 2 chicos iguales y las 2 chicas iguales. Recuerdo esa vez que mi madre vio unas cazadoras de cuero (bueno, en realidad era un símil) de color verde, tipo piloto y recuerdo que llamo por teléfono a mi padre y mi padre dijo que si. A mi padre le encantaban ese tipo de cazadoras.

El primer día de clase, entró Doña Margarita, por fin, teníamos una profesora fija…..
1º de E.G.B. curso 1974-1975, por si lo quieren saber, soy el primero
de la fila de abajo, empezando por la derecha.

viernes, 31 de agosto de 2007

1974 (IV) EL CORAZON QUE A TRIANA VA...



Creo que me he saltado la semana santa, a pesar de que pretendía ser lo más fiel cronológicamente hablando, me es a veces casi imposible. Mis recuerdos a veces me juegan malas pasadas. De todas maneras, recuerdo por aquella época (podría ser el año 1975 también) que la semana santa era algo terrible. Casi siempre estaba malo, si no estaba constipado, estaba con asma o cualquier otra dolencia. Recuerdo también que casi siempre había días de muchísimo calor y días que llovía casi como en un monzón. Recuerdo una de esas, que tenia fiebre y mi padre me trajo un cochecito de juguete que había comprado en el kiosco de prensa. También recuerdo los fascículos de la “Enciclopedia del Automóvil de Salvat” que mi padre por aquel entonces estaba coleccionando. Mi madre era quien siempre pasaba las noches en vela conmigo, cuando los ataques de asma eran tan fuertes, lo único que me aliviaba era que mi madre me meciera en su regazo hasta que rendido de puro agotamiento, me dormía. Y lo más terrible de todo, es que encima de que estabas malo, tampoco podías ver la tele, ya que solo había misas, procesiones y música sacra. Los bares, cines y demás establecimientos de ocio se cerraban, España era una, grande, libre…y por supuesto, como Dios manda, Católica y apostólica….
Creo que seria por mayo o por junio, cuando nos fuimos de viaje. Mi padre casi nunca tenía vacaciones, por lo que aquello de irnos de viaje, fue todo un acontecimiento. El destino, Sevilla, donde vivía mi abuelo Pepe (el padre de mi madre). Mi abuelo enviudo de mi abuela nada más nacer mi madre. Después estuvo unos años en la cárcel (por sus ideas políticas) y al salir, conoció a mi abuela, Carmen (para mi, a pesar de no ser la madre de mi madre, es mi abuela, siempre lo ha sido….). Después se marcharon a vivir a Sevilla, donde mi abuelo tenía un hermano que le ofreció trabajo, y mi madre, que ya había conocido a mi padre, decidió quedarse a vivir en Alicante. Allí en Sevilla, unos pocos años antes de yo nacer, nació mi tía, Mari. Yo nací unos pocos años después, por eso, más una tía, es como si fuera una hermana mayor para mi.
De Alicante a Sevilla hay aproximadamente unos 600 km., no es mucho, mirándolo hoy en día, pero tal y como eran las carreteras de aquella época y los coches que habían por entonces, esos 600 km. se hacían eternos, de hecho, el viaje se hizo en 11 horas… Salimos a eso de las 5 de la madrugada, pasamos primero por la panadería del barrio a comprar pan recién hecho, para el viaje. Aquel 1500 iba cargado hasta los topes, detrás, íbamos mi bisabuela, mis hermanos Elisa y Fernando y yo. En el asiento delantero, que era todo corrido, ya que el cambio de marchas estaba en el volante, iban mis padres y en una especie de canastilla, mi hermana Vero. Recuerdo como ver el amanecer desde el parabrisas trasero del coche, con el ronroneo de aquel motor Perkins, sobre todo los colores del cielo, que precioso me pareció. Paramos varias veces, una de aquellas paradas fue en Loja, provincia de Granada, donde compramos “piononos”, unos dulces típicos de la zona. Eran ya sobre las 11 de la mañana, llevábamos como 6 horas de viaje, y cuando nos volvimos a subir al coche, y mi padre arranco, se coló la rueda delantera derecha en un socavón que mi padre no había visto. Recuerdo como un grupo de hombres salio al auxilio de mi padre, como entre todos, empujaron el coche y al final salio. Llegamos a Sevilla a eso de las 4 de la tarde…hacia mucho calor. La casa de mis abuelos estaba en Triana, el populoso barrio de Sevilla, era un edificio moderno, mis abuelos vivían en el piso 8º, con lo cual, para nosotros, otra novedad, el ascensor. Nosotros en Alicante, vivíamos en un piso 3º, de un edificio que no tenía ascensores….
No se exactamente cuantos días estuvimos, pero a diferencia de lo que ocurría con la familia de mi padre, éste en Sevilla, estaba muy a gusto. Quizás es porque mi abuelo lo quería también mucho. Mi abuelo le pedía consejo sobre su coche y mi padre se desvivía por agradar a mi abuelo. Recuerdo que una mañana, salimos a pasear mi padre y yo solos. Llegamos andando hasta la calle Betis, que esta pegada al Guadalquivir, y allí vimos a un pescador que estaba pescando en el río. A mi padre le gustaba la pesca, así que entablo conversación con el pescador. Delante de nosotros saco un pescado enorme y nos lo regalo. Cuando llegamos a casa de mi abuelo, lo metimos dentro de la bañera, y el pez empezó a nadar…. No se si al final nos lo comimos. Sevilla es una ciudad muy bonita, incluso en mis recuerdos de niño, me impresiona lo bonita que me pareció ya en esa época. Recuerdo pasear todos por la plaza de España, con los coches de caballos por allí, recuerdo una noche cenando en el barrio de Santa Cruz, y también recuerdo una tarde, que vimos la esclusa del río. Recuerdo que una tarde mi hermana Vero se comió ella sola como media docena de plátanos. Otra cosa que recuerdo, con cierta gracia, fue como entre mi hermana Elisa y mi tía Mari, me disfrazaron con un viejo traje de faralaes de mi tía, de sevillana; me pusieron pendientes y collares, y yo, como un tonto, me deje hacer. También recuerdo como mi abuelo me hecho una bronca porque una noche no me podía dormir, había visto en la tele un programa donde salía un esqueleto, y a mi me daba miedo dormir. Es curioso, recuerdo mucho los olores, y mi abuelo tenia un olor también muy especial y característico. Me acuerdo del aquel SIMCA 1000 de color azul marino que tenia. El día que volvimos, cambiamos de ruta, en vez de irnos por Granada, fuimos por el centro, por Ciudad Real-Albacete, mi abuelo nos acompaño hasta pasado Córdoba, esa parte del viaje, lo hice en el SIMCA, con mi abuelo. El viaje de vuelta fue igual o peor de tortuoso, y a la entrada del barrio, mi hermano Fernando dijo:….”pues yo no quiero ir a casa, yo quiero dar una vuelta con coche…..”. En general, fueron unos días inolvidables, que me impactaron mucho, creo que es uno por no decir, el mejor recuerdo que tengo de mi niñez.






Sevilla, en el parque de los Príncipes.

miércoles, 15 de agosto de 2007

1974 (III) Waterloo

Aquella bicicleta era preciosa, una Orbea de los años 50, más o menos, restaurada por mi padre. Era de color verde metalizado, el sillín era de cuero y tenia hasta su bomba de aire para hinchar las ruedas. Aquellos primeros domingos del mes de abril, en el campo de fútbol, aprendí a montar en bicicleta, con la infinita paciencia de mi padre. Durante todo ese mes, tuve las rodillas y las piernas llenas de moratones, magulladuras y demás señales, que yo mostraba orgulloso los lunes en el colegio, como heridas de guerra.
A principios de abril, también se celebro lo que era todo un acontecimiento televisivo de primer orden, el Festival de la canción de Eurovisión. Esa noche, recuerdo que mi padre se ducho y se puso un pijama nuevo, mi madre estaba preparando la cena, y mis hermanos y yo, estábamos muy nerviosos esperando que empezara el festival. Aquella edición, España mando nada más y nada menos que a Peret con una rumba muy pegadiza que decía algo así como “canta y se feliz….” No recuerdo en que lugar quedo, pero si recuerdo los nerviosismos de las votaciones, la rabia de saber que no ganaba España. Aquella noche, en los intermedios, pusieron un anuncio de una película que estrenaban en el cine, “el coloso en llamas”, aquel anuncio me impacto de tal forma, que estuve durante unos días soñando con edificios que se quemaban y que yo me encontraba dentro; siempre le he tenido miedo al fuego, y a morir quemado. Esa noche, todos nos acostábamos tarde, había que ver el festival, recuerdo después de cenar, en la mesita de estar, la botella de whiski Dyc y los cigarrillos que fumaba mi padre, de la marca Winston, y yo pensé que si algún día fumara, que fumaría esa marca. En fin, volviendo al festival, gano Suecia, con la canción Waterloo, cantada por el grupo ABBA. Aunque hubiera preferido que ganara España, reconozco que aquella canción sueca y aquel grupo me gusto.
Un par de semanas después me tocaba revisión médica. En aquel entonces el médico que me trataba el asma estaba en un pueblo de montaña, a unos 120 kilómetros de nuestra casa, y cada vez que íbamos era como irse a un largo viaje. Este viaje ya empezó mal, porque la noche anterior habían estado en casa un matrimonio amigo de mis padres, Manolo y Vicentina, algo más jóvenes que mis padres, recién casados y sin hijos. Parece ser que mi padre se paso un poco con la bebida, y al día siguiente, tenia lo que yo tarde muchos años después en descubrir, una “resaca”. El caso es que al levantarme, mientras mi madre terminaba de vestirme y peinarme, se peleaba y discutía con mi padre; no se, aquello me produzco una sensación de mucha tristeza y enfado con él, de alguna forma sentía que mi madre tenia razón. Al final de aquella discusión, terminamos de vestirnos y nos fuimos, aunque mi padre no conducía, nos fuimos en el Morris 1100 Traveller de Manolo, con Vicentina, mi madre, mi padre y yo. Teníamos que subir por un puerto de montaña llamado “la carrasqueta” y que en aquella época era algo peligroso. Las carreteras eran estrechas y las curvas eran bastante pronunciadas. Llegamos a media mañana a la plaza del pueblo, donde estaba la consulta de Don Honorio, así se llamaba el médico. Según su diagnostico, lo que me producía el asma era una “mancha” en los bronquios y su tratamiento consistía básicamente en atiborrarme a pastillas de cortisona (recuerdo hasta la marca, “Dacortin”). Aquella consulta era como una mezcla entre el laboratorio del Dr. Frankenstein y un coqueto salón de té ingles de principios de siglo. En su consulta, tenia una máquina de rayos x, metálica, de la marca General Electric (me quedaba boquiabierto mirando el escudo de “General Electric”); me hacia desnudarme de cintura para arriba, y me ponía dentro de aquella máquina. Se apagaban las luces y yo oía como le decía a mi madre: “….lo ve, ahí esta la mancha, eso es lo que le produce el asma….”
Lo mejor de aquellos viajes, era que después de la consulta, como casi siempre salíamos alrededor de al mediodía, nos quedábamos a comer en una especie de bar-bodega que había en la plaza del pueblo. Mi madre casi siempre compraba allí mismo embutidos, que eran muy buenos. La anécdota de aquel día fue que Vicentina, pidió un “montadito” de morcilla y le sirvieron un pedazo de bocata de casi dos palmos de grande.
Los sábados por la mañana, normalmente, mi padre no trabajaba. Se levantaba a la misma hora que todos los días, se vestía con ropa más o menos sport, y se iba con su moto a ver a su madre. Yo, algunos sábados, si me levantaba temprano como él, le acompañaba. Aprovechaba también ese día para los papeleos bancarios, que de ellos se encargaba mi tío Carlos, y bueno, si luego quedaba tiempo, paseábamos viendo tiendas, sobre todo de libros. Recuerdo uno de esos sábados, que nos fuimos en un Renault Dauphine que mi padre estaba reparando; aparcamos en el centro de la ciudad, donde residía mi abuela. Desayunamos con ella en su casa, ella siempre me daba un billete de 100 pesetas que se suponía que yo tenia que repartir con mis hermanos (a veces no lo hacia, lo reconozco…) y después nos fuimos andando por las tiendas del centro de la ciudad. Cuando termino aquel paseo, nos fuimos al taller, y mi padre me dijo: “….he vendido el Ford, te voy a enseñar el coche que he comprado…” Era un precioso SEAT 1500 e color gris marengo y con motor diesel…en aquellos años, un “cochazo”….

miércoles, 1 de agosto de 2007

1974 (II) El mercader de Venecia...

No recuerdo muy bien los juguetes que estrene el día de reyes de 1974, pero imagino que serian coches, coches, muchos coches. Si que recuerdo un Mercedes W111 teledirigido, con los faros escamoteables, que se accionaban con una palanca dentro del salpicadero. Los coches, desde muy pequeño, han sido siempre mi pasión, por cierto, alimentada por mi padre. Mi padre trabajaba en su propio taller de coches, por lo que en mi casa, el automovilismo ha estado siempre muy presente.
El barrio de San Gabriel en aquella época era más que un barrio, era un pueblo. Y no solo por la forma de vida, incluso en su estructura física, era como un pueblo. Por el norte, aislado de la ciudad por una rambla natural llamada de forma coloquial, “el barranco de las ovejas”, y rodeado de campo al sur y oeste, y por el este, el mar; la única vía de comunicación era la “carretera de Elche” que estaba entre el barrio y el mar; y para darle todavía más sensación de aislamiento, al otro lado de la rambla, entre la ciudad y ésta, estaba la fábrica de la “Cros”, una fábrica de fertilizantes y abonos, bastante grande. Nuestro edificio estaba justo delante de la rambla, enfrente de la fábrica. Como aquí en esta zona, las lluvias son muy escasas, en esa rambla, se había instalado un campo de fútbol, donde se jugaban partidos los sábados y domingos, pero que entre semana, era territorio de nosotros, los niños del barrio. A veces pasaba algún pastor con un rebaño de ovejas, de ahí el nombre. Lo cierto y verdad es que cuando llovía seguido durante unos días, aquella rambla se llenaba de agua, el campo quedaba anegado y daba la impresión que vivías en la orilla de un caudaloso río.
El colegio público estaba calle arriba, en la plaza principal y pegado literalmente hablando, a la iglesia. Don Vicente, el párroco, era un hombre grande, algo mayor y muy alto. Mi padre lo conocía porque antes había sido el párroco de un amigo de mi padre en otro barrio de la ciudad, y como mi padre decía, era de los “de la vieja escuela”. Recuerdo que un domingo, en su homilía, se puso a criticar a una vecina que estando todavía soltera, se había quedado embarazada. También recuerdo que una tarde, se presentó en clase, la profesora le cedió su asiento, y empezamos todos a rezar algo yo no entendía muy bien que era, y que siempre parecía que repetíamos lo mismo una y otra vez, ahora de mayor ya se que estábamos rezando el santo rosario. En esos primeros meses del año, ya que estábamos huérfanos de profesora, nos toco quedarnos en la clase de 4º de E.G.B.(Educación General Básica), con niños y niñas de 9 a 10 años, que a nosotros, nos parecían hombretones y mujeronas hechos y derechos. No recuerdo muy bien el nombre de la profesora, era una señora algo mayor, algo rellenita, y que al entrar, teníamos que esperar de pie, y cuando ella entraba, nos poníamos a rezar. Sus rezos duraban aproximadamente como tres cuartos de hora, y donde ella parecía entrar en trance como una médium. Hablaba de política, del Generalísimo que Dios guardara muchos años, de lo que habría que hacerle a los sinvergüenzas de los terroristas….., y así durante un buen rato…. Lo bueno de todo esto, era que entre que terminaban los rezos y te ponías a trabajar, enseguida sonaba la sirena para salir al recreo. Como yo era muy bajito y estaba muy delgadito, tenia que sentarme delante, en primera fila, porque si no, me era imposible ver la pizarra. A aquella profesora le llamaba mucho la atención, y siempre al entrar, antes de empezar sus “rezos” me pasaba la mano por mi cabeza, sonriéndome y diciéndome “ay, que rubiales que somos” …..(en aquellos tiempos, era bastante rubio, con los años, cambie a castaño claro).
Se acercaba el día del padre y mi madre me compró una postal donde salía un niño vestido con un mono de trabajo y con la cara manchada de grasa, subido en la aleta delantera de un Citroen 2 CV haciendo como que estaba reparando el motor. Mi madre me hizo que le pusiera detrás, con aquellas primeras letras que ya escribía: “felicidades papá”. Aquella postal estuvo en el tablón de anuncios que tenia mi padre en su taller hasta el día que lo cerró, en 1989 (Incluso es posible, que si busco por todos los papeles de mi padre, quizás la encuentre…). El día del padre, 19 de marzo, era un día especial, aparte de celebrarlo por mi padre, también era el santo de mi padre, mi madre, mi abuelo y yo. Casi siempre nos íbamos a comer a algún restaurante y nos acompañaban mi tío Carlos (hermano de mi padre) con su mujer y mi abuela Concha (la madre de mi padre). Siempre había tensiones y mosqueos en casa, mi madre parecía estar molesta con estas visitas, había algo entre mi madre y ellos que no funcionaba, y que yo tarde algunos años en darme cuenta. En cualquier caso, a mis 6 años me daba alegría de ver a mi abuela, a mi tío Carlos y a su mujer, Helen.
En aquella época veía mucho la televisión y no solo los programas infantiles, sino también el teatro, me gustaba mucho, aunque reconozco a veces no entendía muchas cosas. Recuerdo en especial, al actor Jose Mª Rodero, nuestro particular “Laurence Oliver” interpretando obras de Shakespeare. Recuerdo “El mercader de Venecia” se me quedaron muy grabadas esas palabras que decían “…media libra de carne de al lado del corazón….” Los sábados al mediodía ponían los dibujos de la pantera rosa, claro que en nuestro televisor la veíamos de color gris, y después, casi siempre ponían películas del oeste o de Tarzán (las antiguas, las de Johnny Weissmuller).

El comisario Mcmillan, Sally, su esposa
es la de la derecha.

Pero a mi, lo que más me gustaba eran los domingos por la noche, cuando hacían la serie policíaca “El comisario Mcmillan y su esposa” (el título original era “Mcmillan & wife”) interpretado por Susan Saint James y Rock Hudson. Me encantaba esa serie, quizás por los comentarios sarcásticos de Mildred, la sirvienta, por el MG TD que tenia la Sra. Mcmillan…. El caso es que ahí empezó mi admiración por Rock Hudson (me encantan aquellas viejas películas que hizo en los 60 con Doris Day….).
Unos días después de mi santo, una noche mi padre tardaba mucho en llegar a casa, y después de mucho esperar, mi madre me mando acostar. Al poco tiempo de estar en la cama, oí la puerta, oí a mis padres hablar y como se acercaban a mi habitación, encendieron la luz y mi padre entró con una preciosa bicicleta……



martes, 17 de julio de 2007

1974 (I) PREAMBULO

Nos mudamos al barrio de San Gabriel allá por mediados de 1973, todavía recuerdo aquella mudanza. Parecía que nos íbamos de safari a Kenia o algo así, pasamos por un paso a nivel y luego llegamos a una carretera pegada al mar, aquello fue todo un viaje, en aquella destartalada furgoneta Citroën 2 CV del padre de Fele. También recuerdo como aquella primera noche en la nueva casa, no teníamos luz eléctrica y tuvimos que cenar con velas; y con un montón de cajas por en medio. En septiembre, empecé el colegio, 2º de párvulos, ya que 1º no lo hice debido a mi empeoramiento del asma que tenía, bueno, y que sigo teniendo. Mi profesora la recuerdo que era una chica muy joven, que se llamaba Salud, pelo largo y moreno; y era muy dulce y buena. Un día me hice mis necesidades encima, y ella me acompaño hasta mi casa. Estuvo poco tiempo, creo que enfermo (aunque podría ser también que se embarazo) y a mitad de curso se marcho. Desde entonces, el resto de profesoras se repartían nuestras clases con las suyas propias. Recuerdo el ruido de la Bultaco Mercurio de mi padre, cuando a eso de las 9 ó las 10 de la noche, venía de trabajar. Fuera la hora que fuera, yo lo esperaba, él, a pesar de su cansancio, siempre me daba un beso; lo reconozco, adoraba a mi padre. Siempre con su mono de trabajo, lleno de grasa y oliendo a gasolina. Recuerdo sus manos, ásperas del trabajo, y a veces, cuando llevaba varios días sin afeitarse, como me raspaba mi delicada piel con su barba cuando me daba un beso. Mi viene ahora a la cabeza el olor de mi bisabuela, Emilia, que vivía con nosotros y de las historias que contaba del pueblo, El Cañabate, provincia de Cuenca; me hablaba también de algunos de sus muchos hijos que murieron…. pero ella no era una mujer amargada, todo lo contrario, era muy vital; ella me decía siempre “hermoso mío”. Casi todos los años, en noviembre, mi bisabuela solía marcharse al pueblo para la matanza. Venia siempre cargada con todo lo necesario para ya aquí, en casa, preparar morcillas, salchichas, chorizos y todo tipo de embutidos. También se traía un jamón, que ella misma curaba, y vino, que dejaba añejar en un barrilete de madera. Yo dormía en un cuarto con mis hermanos: Elisa, la segunda, (soy yo el mayor) de 4 años, y mi hermano Fernando, el tercero de 2 años. Mi hermana Verónica, la cuarta, de 1 año, dormía todavía en la habitación de mis padres. En aquella época todavía éramos solo 4 hermanos, Tatiana y Alejandro vinieron el los albores de los 80. Mi cumpleaños es en diciembre, y recuerdo que unos días después, tenía ya 6 años, casi en Navidad, oí un comentario de mi madre que le decía a mi padre “….he hablado con mi padre y dice que ellos no…..” Ahora, con la perspectiva del tiempo, imagino que hablarían del atentado al presidente del gobierno, Carrero Blanco; mi abuelo pertenecía al Partido Comunista, en aquella época clandestino y perseguido. Me acuerdo de las imágenes en televisión de cómo quedo aquel Dodge 3700 volando por encima de aquel convento. Recuerdo la nochevieja de 1973 a 1974, mis padres se marcharon a casa de unos amigos y nos dejaron con mi bisabuela. Iban guapísimos, mi madre llevaba un traje de chaqueta verde, por supuesto, pantalón de campana…, se montaron en aquel Ford Popular 100E de color azul clarito que por aquel entonces tenía mi padre; y que esa noche tuvo un accidente con él, en una esquina, un Seat 850 Coupe le dio un golpe; el Ford apenas tuvo daños, creo que el 850 quedo bastante dañado.


Mi madre, mi hermana Verónica, el Ford y yo


Recuerdo como en la tele, por supuesto, en blanco y negro, dieron las 12 campanadas y se encendió un letrero luminoso que ponía FELIZ 1974…….

martes, 3 de julio de 2007

Inauguración

En breves días, quedara inaugurado este blog.... El porque se llama Vulcano 1974 tiene mucha lógica para quien bien me conoce. Fan del personaje de ficción Sr. Spok, a veces me gustaría ser como él y dejar de lado todas las emociones "humanas"..... y por eso, Vulcano sería mi planeta favorito para vivir. En cuanto a 1974 es más una cosa sentimental, en ese año yo tenía 7 años, y la vida me parecía tan bonita, tan inocente, el caso es que ahora pretendo, ya que no puedo volver a 1974, recuperarlo, quizas ese espíritu no ha desaparecido en mi.... No se si me explico. Bueno, con este pequeño prologo, me despido de la concurrencia, pidiendo de antemano disculpas por lo espartano, de momento, ya lo aviso, de este blog. Gracias y como dice mi gran amigo Garfio, Con Dios.....