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viernes, 21 de diciembre de 2007

1971-1973 (II) Contamos Contigo

Como creo que ya explique en algún artículo anterior, de la familia de mi padre hablo muy poco, pero voy a hacer una excepción, debido que en este tiempo paso un acontecimiento, la boda de mi tío, que tuvo su relevancia.
Mi tía Helen venia de una familia adinerada, su padre, Enrique, era constructor. Ella era la mediana de tres hermanas. La mayor se llamaba Lilian, casada y tenia dos hijos de aproximadamente la misma edad que mi hermana Elisa y yo. La hermana pequeña se llamaba Cristina y en aquella época debería tener como unos 13 ó 15 años. Vivian en un piso en una calle muy céntrica de nuestra ciudad, pero también tenían un grandísimo chalet con 3 viviendas individuales y separadas. Recuerdo un día, después de la boda, sábado por la mañana, que mi padre se había quedado el coche de Helen, un SEAT 850 blanco, para repararlo y nos fuimos a casa de mis tios a devolverle el coche. Recuerdo que ese coche en la parte trasera, al lado de la matricula, tenia un escudo metálico de la compañía de seguros. Nos abrió la puerta del chalet mi tío y aparcamos el 850 en el amplio garaje, al lado del Mini. Subimos a la casa de mis tíos, nos pusimos unos bañadores y luego nos dimos un baño en la “enorme” piscina que había detrás. Recuerdo a mi padre y a mi tío juguetear en el agua como dos niños. Mi tío era diez años más joven que mi padre.
No recuerdo exactamente cuando fue la boda, pero hacia frío. Se que fue por el centro de la ciudad y que el convite fue en una urbanización recién inaugurada que se llamada “El complejo Vistahermosa”, en un restaurante llamado “la piel del oso”. Recuerdo los vestidos y los trajes de los invitados. La gente joven y con dinero en aquella época vestía de un estilo muy pop (pantalones de campana, faldas largísimas o al contrario, cortísimas, botas altas hasta por encima de la rodilla, colores histriónicos, tejidos como la pana, zapatos de plataforma, etc), era una cuestión de gustos. En aquella época también estaba muy de moda entre las mujeres utilizar pelucas. Mi madre un tiempo antes se había comprado una, y una tarde, acompañando a Helen, unas semanas antes de la boda, en un probador, mi madre se quito la peluca, la dejo encima de lo ella pensaba que era un perchero y resulto ser una lámpara; y que el calor de la bombilla, quemo aquella peluca.
Recuerdo un acontecimiento que me paso aquella tarde, porque mis madres nos dejaron en casa de unos tíos de mi madre, Emilio y su mujer Lola. La tía Lola, como la conocemos en casa, era y sigue siendo (aun vive, a sus casi noventa años) un peculiar personaje. Yo siempre la recuerdo pintada en exceso, delgada, casi flacucha diría yo, y con un amarillento collar de perlas (¿?); su abanico en una mano, abanicándose incluso en pleno invierno; y en el otro brazo, su bolso. Todo ese aspecto se acompañaba con una serie de gritos, lamentos y demás gestos y aspavientos; de hecho, mi padre le dio el apodo de “arte dramático”. Aquella tarde nos quedamos en su casa, Elisa mi hermana y yo; Fernando y Verónica se quedaron con mi bisabuela, Emilia. Yo vi un extraño comportamiento en mi madre cuando nos dejaron con sus tíos, ya que ellos le comentaron que su tía Rafaela había muerto, y ella salio como muy disgustada. Nos dieron de merendar y a mi se me descompuso un poco el estomago. Fui al baño, solo, a pesar de la insistencia de Lola en acompañarme. Y al limpiarme las manos, con restos de papel higiénico, creo que atasque el desagüe del lavabo. El caso es que me asuste muchísimo, y estuve el resto de la tarde tumbado en el sofá, con dolor de estomago.
El barrio de San Blas, y más la zona donde nosotros vivíamos, en la ladera del castillo de San Fernando, era un sitio agradable y con una enorme pinada. Si salíamos de aquella calle, al volver había una frutería, y si seguías caminando por la acera, te encontrabas de repente con un escalón. Lo se muy bien, porque con mi coche de pedales tuve mi primer accidente automovilístico a pillar aquel escalón y salir disparado hacia adelante. Unos años después, he tenido algún que otro tropezón en ese escalón, pero no con un coche de pedales…. En lo que ahora es la Avenida Dr. Rico, y la sede de nuestro principal periódico, eso era campo y allí mismo había una especie de granja, que tenían gallinas y recuerdo que había un par de caballos. Mi madre a veces nos llevaba y le comprábamos huevos. Es curioso, estoy ahora harto de pasar por allí con el coche y ahora se te hace muy difícil imaginarte en ese amasijo de edificios que hay pudiera haber una granja.

En esos días había una serie en televisión que nos gustaba mucho, era de un detective paralítico llamado “Ironside”. Mis tíos, le llamaban así a mi padre, porque muchos días que venían a casa a vernos, mi padre estaba en su sillón, con una manta tapándole las piernas. También recuerdo unas series de dibujos animados que me gustaban mucho, Scooby-Doo, Los Picapiedra, Don Gato, pero mis preferidos eran “Autos Locos”. Y había también una serie que se llamaba “Mamá y sus increíbles hijos” y era de una familia que viajaban en un autobús de colores y cantaban. Había también un programa en televisión, que lo presentaba Jose Mª Iñigo, que se llamaba Estudio Abierto. Era un programa con entrevistas y actuaciones musicales. Después de un par de temporadas lo quitaron, y al poco, volvieron a ponerlo con el nombre de Directísimo. En no recuerdo que programa, vi a una cantante algo gorda, gitana y con el pelo largo y rizado, Dolores Vargas “la terremoto” cantando su famoso “Achilipu”. También recuerdo a Rosa Morena, otra “cantante” aflamencada.

Y otra vez, por prescripción facultativa, nos tuvimos que volver a mudar de casa. Había mucha humedad en la casa, y mis ataques de asma eran continuos, así que el médico comento que la brisa del mar me vendría bien. Mis padres encontraron un piso en el barrio de San Gabriel, cercano al mar…….


Pd. (esto enlaza con el capítulo I de 1974 “Preámbulo”).

miércoles, 12 de diciembre de 2007

1971-1973 (I) Un Rodeo y Palomitas de Maíz.

Nos mudamos al barrio de San Blas por prescripción facultativa. Resulta que cuando yo me asomaba a la balaustrada de la casa de la calle San Vicente, al entrar dentro de la casa, tenia la cara manchada del humo de los coches. Claro, con mi enfermedad, el médico recomendó a mis padres un cambio. Aunque también hay que reconocer que la casa se había quedado pequeña para una familia con 3 hijos y con la abuela.
El piso de San Blas era en aquella época bastante nuevo, tendría unos 10 ó 15 años que comparándolo con la antigua casa, no era nada. Era un primer piso, a la entrada estaba el salón, que daban las ventanas a la fachada del edificio. A continuación venia un largo pasillo, con las puertas de las habitaciones y el cuarto de baño. Al fondo de ese pasillo, estaba la cocina y la galería-patio, que al ser un primero, disponíamos de un amplio patio de luces.
Recuerdo también que a pesar de tener este patio, mi madre tendía la ropa en la azotea del edificio. Allí conocimos a una vecina, que vivían en el cuarto, y que tenia una hija de más o menos mi edad (4 años) que se llamaba Paloma.
Mi madre ya estaba embarazada de mi hermana Verónica (la número 4) y recuerdo que lavaba los pañales de mi hermano Fernando en una pila. En aquella época todavía no existían lo pañales de usar y tirar. Recuerdo aquellos pañales, eran como unas vendas enormes, que se doblaban varias veces y se sujetaban con una especia de bragas desmontables y se abrochaban con imperdibles.
Verónica nació en abril de 1972, y ponerle el nombre de Verónica fue toda una odisea. Mi madre quería llamarla Mónica, pero mi hermana Elisa y yo, en vez decir Mónica, decíamos “albóndiga” (no me pregunten porque…) así que Emilia, mi bisabuela disuadió a mi madre de ponerle ese nombre. Mi padre quería ponerle Bárbara, pero mi madre no quería porque resulta que en nuestra ciudad existen dos castillos, el de Santa Bárbara y el de San Fernando, y como mi hermano se llamaba Fernando, mi madre decía que la gente se iba a reír con la broma. Cuando nació mi hermana, mi padre le pregunto a mi madre antes de ir al Registro Civil, y mi madre de repente dijo: “Verónica”.
Cierto sábado de aquella época, y quizás porque mi madre estaba harta de lavar a mano tanta ropa, mis padres compraron la primera lavadora automática que tuvimos. La trajeron a casa y la desembalaron, y un amigo de mi padre, Fele, vino a casa a enseñarnos su funcionamiento. La lavadora la instalamos en el patio de la casa, y Fele nos dijo que la cargáramos de ropa, nos enseño a poner el detergente y nada, la lavadora se puso en marcha. Fele se despido y se marcho, mi padre se metió en la ducha y mi hermana Elisa y yo, nos quedamos mirando la lavadora desde la ventana de la puerta del patio, dentro de la casa. Cuando la lavadora empezó a centrifugar, debido a que no le habían quitado una de las sujeciones del embalaje, aquella lavadora empezó a brincar como si fuera un potro salvaje. Elisa y yo salimos pasillo arriba gritando “papa, papa, que la lavadora se va”, mi madre estaba dándole el pecho a mi hermana Verónica y mi padre salio disparado de la ducha, con una pequeña toalla cubriendo su desnudez. Al pobre de mi padre, no se le ocurrió otra cosa que subirse encima de la lavadora en un intento de parar el programa o darle al botón del stop. En ese traqueteo, la toalla se callo y estuvo un par de minutos desnudo y cabalgando a aquella lavadora como si fuera un autentico rodeo. Durante un tiempo a mi padre le daba vergüenza cruzarse con algún vecino, ya que la escena fue presenciada por todos los vecinos. Aquella lavadora era una “New-pool” y nos duró hasta 1987…..
Otra de mis famosas “trastadas” fue que cierto día, Emilia, mi bisabuela habia salido a hacer unos recados. Siempre a primeros de mes, cuando cobraba los puntos (su pensión) se iba con un montón de libretas de la Caja de Ahorros de Alicante y Murcia (hoy fusionada con la Caja de Ahorros Provincial de Alicante y llamadas ahora C.A.M. Caja de Ahorros del Mediterraneo) y nos ingresaba a cada bisnieto una cantidad mensual (a lo mejor, 25 pesetas…..) Mi madre subió a la azotea a tender la ropa y nos dejo por un momento solos. Entre mi hermana Elisa y yo, abrimos el mueble bar, y empezamos a servirnos todo tipo de bebidas…..cogimos una buena borrachera…..
La relación entre mi tío Carlos y mi tía Helen iba viento en popa, había planes de boda y todo. Mi tío en aquella época se compro un Mini 850, blanco con el techo granate. Mi padre, por aquel entonces, debido a que el “4/4” lo había destrozado mi tío en un accidente, se compró un Renault Gordini, de color verde claro. Apenas tengo recuerdos de ese coche.
Recuerdo un día, que vinieron unos familiares de mi madre, unos primos que vivían en Sevilla, y que nos fuimos a comer al “Marítimo”, un restaurante que había en el puerto de nuestra ciudad, donde se embarcaba para el ferry para ir a Ibiza y Mallorca. Recuerdo que yo iba de blanco, y que los camareros iban también de blanco, impecables. Recuerdo que entre en el aseo con mi madre y con una tía suya, y que ésta, se quito la dentadura postiza y yo me quede asustado viendo como se quitaba los dientes. En aquella época se puso muy de moda una canción instrumental, creo que aquí en España la tocaban el grupo los Pekeniques, la canción se llamaba “Palomitas de maiz”
Mis tios, Carlos y Helen, sosteniendo en brazos a mi hermano Fernando, mis padres al lado, y yo delante de mi madre. (1971).