domingo, 22 de marzo de 2009

Física y Quimica

Queridos navegantes: Nunca he sido un estudiante brillante, y no por falta de inteligencia o de facultades, sino más bien por pereza. Si a eso le unes que de pequeño por culpa de mi enfermedad, estaba demasiado mimado por mis padres y como cualquier niño ante aquellas circunstancias, yo lo aproveche para escaquearme todo lo que pude. Cuando llegué a 7º curso de la E.G.B. recuerdo que nuestro profesor de ciencias naturales, Don Juan Bautista, nos dio una charla de lo que íbamos a tratar en esa asignatura ese año: “la temible física”, y nos advirtió que nos había tocado bailar con la más “fea”. Realmente fue así en mi caso, ha sido el único año que me han quedado tres asignaturas para septiembre y una de ellas era “la más fea”. Al año siguiente, en 8º, se daba química, y aunque aprenderse la tabla periódica de los elementos tampoco es moco de pavo, he de reconocer que me costo menos y que incluso saque algunas notas buenas en dicha materia.


A pesar de este preámbulo no se crean que les voy a hablar de estas materias académicas, ni de mis anécdotas como estudiante, sino de un proceso que se viene produciendo en mi interior desde hace algún tiempo. Como siempre he tenido asma y siempre he estado muy enfermo, nunca he hecho deporte en serio. Entre los 18 y los 28 años era un joven espigado, excesivamente delgado y que comía como una bestia y no engordaba ni un gramo de peso. A partir de los 28 empecé un proceso algo destructivo, bebía algo más de la cuenta y seguía comiendo demasiado, por lo que al llegar a los 35 años, me había convertido en un hombre todavía joven y con una ligera obesidad creciente. De hecho, mi peso medio entre los 18 y los 28 años había estado entre los 55 y los 70 kilos, pero a los 35 años había llegado a los 80 kilos, llegando incluso poco tiempo después a los 84 kilos. En una persona de un metro y sesenta y siete centímetros, aquel peso era una carga excesiva para mis piernas, afectadas por el accidente que tuve en moto unos años atrás. En cuanto a mi aspecto, se pueden imaginar, me sentía ridículo y llego un momento en que me daba hasta vergüenza ir a la playa. Durante aquella primera etapa de mi juventud (18-28 años) yo era un joven muy dinámico, a pesar de que no salía por las noches como en la segunda etapa (28-38 años) ya empezaba a trasnochar, a beber y a tener alguna que otra juerga nocturna. Llegará a la hora a la que llegará, me levantaba razonablemente temprano, desayunaba e incluso aprovechaba la mañana….siendo la envidia y admiración de algunos de mis amigos. En la segunda etapa de mi juventud, las noches se volvieron más largas, hasta convertirse en eternas, litros y litros de alcohol circulaban por mis venas, paquetes enteros de cigarrillos, y luego, al día siguiente, la inevitable resaca, que me dejaba algunas veces KO durante todo el día. En esa segunda etapa también empecé un flirtreo (que afortunadamente se ha quedado en eso) con las drogas, en algunas de esas juergas, más accidentalmente que por voluntad propia, acababa siempre “probando” alguna que otra cosilla….. En cuanto al sexo, que les voy a contar, tampoco nunca he sido un ser excesivamente sexual, más bien me considero un poco “pavo” y algo frío, aunque si de verdad estoy a gusto, me puedo convertir en un tigre de bengala….pero reconozco que siempre me cuesta el arranque (recuerdo el símil que hace Paúl Newman en la película El escándalo Blaze, con una impresionante Lolita Davidovich en la escena de la cama, y que el viejo senador le dice que él es como los viejos Ford, que les cuesta arrancar en frío….). En mi primera etapa de mi juventud, el sexo fue, primero como todos, de una manera algo “manual”, pasando por una primera vez en un Citroën 2 CV amarillo, a altas horas de la madrugada en un descampado (justo un par de meses después de aquello, en televisión apareció un anuncio de preservativos que era una estampa parecida, y también en un coche idéntico….fue algo premonitorio….) y después relaciones esporádicas, mucho aquí te pillo, aquí te mato. En mi segunda etapa de juventud, los juegos sexuales fueron ganando intensidad, placer y comodidad, la aparición de mi particular expediente x (alguien con quien mantengo desde hace algún tiempo sexo…nada más) contribuyo en gran medida, pero en contrapartida, las ocasiones se distanciaban mucho en el tiempo. Durante los 2 años que estuve con mi última pareja, el sexo fue como dice un viejo refrán: “f…menos que un casado” y después de cortar la relación, aunque retome los expedientes x, mi potencia sexual se había visto terriblemente mermada….

Al morir mi padre y unos meses después empezar los problemas en casa con mi hermana, entre en una profunda depresión. Esta se agravo por el hecho de romper con mi pareja con la que llevaba menos de 9 meses conviviendo y que aquello veía que no funcionaba, que me ahogaba. Pase otro año malísimo casi dedicado en exclusiva a mis sobrinas y a ayudar a mi hermana a salir de las drogas, abandonándome un poco a mi mismo. Creo que fue el momento peor de mi estado físico y anímico. Esta gordo, terriblemente gordo, me avergonzaba mi cuerpo, me dolían las piernas, roncaba, tenia ardores en el estómago por la noche, causándome nauseas, y si a eso le unimos mi profunda depresión, no tenia ganas de nada y para colmo de males, cuando x me llamaba de tarde en más tarde…..gatillazo al canto…. vamos, lo que se dice un primor.

A mediados de 2006, a punto de cumplir los 38, empecé a plantearme un cambio en mi vida. Fue entonces cuando comprendí que necesitaba recurrir a la química para dominar a mi física/co. Empecé con un régimen depurativo de una semana de duración, con el cual perdí bastante peso. El caso es que a base de sacrificarme un poco en las comidas, he conseguido bajar hasta los 69 kilos, y mantenerme en ese peso. Quizás debería de hacer deporte, pero es que me aburre tanto, aunque a lo mejor me lo tengo que plantear, porque a pesar de haber bajado tanto de peso, el problema es que necesitaría desarrollar masa muscular y moldear un poco mi cuerpo que se ha quedado un poco “fofo”. En cualquier caso, desde que he perdido peso, no me duelen las piernas y duermo algo mejor.

En lo relativo a mi constante y continua depresión y ataques de ansiedad, además de mis ejercicios de relajación, los ansiolíticos a veces son necesarios. Estoy tomando Tranxilium 5 mg, que es lo más flojito que hay, pero me ayuda en ciertos momentos de crisis. Aunque reconozco que la mejor terapia es psicólogo y ejercicios de relajación, y como no, el escribir me relaja muchísimo. Otra ventaja de los ansiolíticos es que cuando estoy en tratamiento no puedo casi tomar alcohol, cosa que también me viene muy bien. Al salir menos ha hecho también que recupere las mañanas de los fines de semana, me da el sol, quedo los sábados para tomar un aperitivo con los amigos, a veces trabajo, y últimamente me doy un largo y relajante paseo en moto……

Y en cuanto al sexo, he descubierto que la impotencia masculina en un amplísimo porcentaje se debe a cuestiones psicosomáticas más que a cuestiones físicas en sí, por lo que evidentemente mi problema lo tenia en mi cabeza y no en mi miembro viril. De todos modos, a pesar de mis mejorías en materia anímica, el médico me receto algo que ha cambiado mi vida sexual: si, es lo que Vds. están pensando, la famosa Viagra (bueno, yo en realidad tomo un medicamento similar, Cialis) y créanme que no les miento si les digo que he pasado de ser un viejo Ford de arranque frío a un Audi A4. Y digo un Audi porque aunque incluso he mejorado con respecto a mi juventud, este medicamento tampoco se crean que es milagroso. Vamos que eso que se cuenta que toda la noche “erecto” y como un bate de béisbol, como que no. En cualquier caso diré que recurro a ella cuando tengo estados de ansiedad y agotamiento y por lo menos me da cierta seguridad en mis relaciones. Creo que de alguna manera ha contribuido el hecho de sentirme más seguro de mi mismo, aunque aun me queda mucho camino por recorrer, estoy trabajando en ello. De momento me he convertido en un promiscuo hombre de 41 años……


Todavía recuerdo como al terminar la EGB, llegue a plantearme el hecho de estudiar la carrera de químicas, pero no se quien me dijo que el único futuro que tiene un químico en este país es tener dinero suficiente para comprar una licencia y montar una farmacia, así que aquella idea me hizo desistir. Unos años después, estudiando en nocturno BUP (después de la EGB hice Formación Profesional….enseguida conseguí trabajo y después de un par de años sin hacer nada, pensé en volver a los estudios, empezando de nuevo por el Bachillerato….pero eso es otra historia) en clase de trigonometría, mi profesora, una chica que empezaba a dar clases, me llamo al claustro y me puso unas fórmulas a ver si yo conseguía despejarlas, y ella me enseño a despejar fórmulas. En ese instante comprendí que mi problema con la física era una cuestión simple y llana: no sabia despejar bien las fórmulas…….

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