Queridos navegantes, he pasado unas mini-vacaciones de fin de semana en el pueblo natal de una buena amiga mia. Es un pueblecito pequeño, de aproximadamente unos 300 habitantes, pero que en estas fechas, y más este fin de semana que eran las fiestas patronales; su población crece hasta los 1.500 habitantes aproximadamente. Rodeado de ese paisaje entre seco y verde de la Alcarria, al norte de la provincia de Cuenca. Con esa temperatura cálida y seca durante el día y fresca durante la noche. Y sobre todo, esa sensación de paz, de estar aislado del mundo estresante de las ciudades. El hecho de vivir así es lo que más relaja, sin tener que utilizar vehículo alguno para desplazarte por el pueblo, con ese silencio, esa forma tan tranquila de vivir. Ves a los niños jugar en la calle, ahora impensable en nuestras "civilizadas" y modernas ciudades. Imagino que España esta llena de pueblecitos como Tinajas, yo desde aqui, recomiendo ese tipo de turismo, merece la pena unos días de tranquilidad. Saludos
miércoles, 22 de agosto de 2007
jueves, 16 de agosto de 2007
Ohhhh.....
Pense que estos días iba a disfrutar, que unos días sin las niñas ni mi familia me vendrian bien...Y si, cierto es que ayer pase un dia genial, por la mañana estuve en la playa, comi en una típico chirinquito playero la habitual paella y sangria al más puro estilo turista. He cogido un buen color de piel y estoy bastante relajado; pero las echo de menos. Mi madre llego a decirme que me pagaba el viaje a Disneyland Paris, y yo lo rechace (le tengo cierta mania a los parques llamados "temáticos") y ahora, no hago más que imaginarlas allí, la carita dulce de Lucia y los ojazos azules de Barbara....en fin, creo que llevo demasiado tiempo en este planeta y tengo demasiadas emociones humanas....¿seré un vulcano apasionado?
miércoles, 15 de agosto de 2007
1974 (III) Waterloo
Aquella bicicleta era preciosa, una Orbea de los años 50, más o menos, restaurada por mi padre. Era de color verde metalizado, el sillín era de cuero y tenia hasta su bomba de aire para hinchar las ruedas. Aquellos primeros domingos del mes de abril, en el campo de fútbol, aprendí a montar en bicicleta, con la infinita paciencia de mi padre. Durante todo ese mes, tuve las rodillas y las piernas llenas de moratones, magulladuras y demás señales, que yo mostraba orgulloso los lunes en el colegio, como heridas de guerra.
A principios de abril, también se celebro lo que era todo un acontecimiento televisivo de primer orden, el Festival de la canción de Eurovisión. Esa noche, recuerdo que mi padre se ducho y se puso un pijama nuevo, mi madre estaba preparando la cena, y mis hermanos y yo, estábamos muy nerviosos esperando que empezara el festival. Aquella edición, España mando nada más y nada menos que a Peret con una rumba muy pegadiza que decía algo así como “canta y se feliz….” No recuerdo en que lugar quedo, pero si recuerdo los nerviosismos de las votaciones, la rabia de saber que no ganaba España. Aquella noche, en los intermedios, pusieron un anuncio de una película que estrenaban en el cine, “el coloso en llamas”, aquel anuncio me impacto de tal forma, que estuve durante unos días soñando con edificios que se quemaban y que yo me encontraba dentro; siempre le he tenido miedo al fuego, y a morir quemado. Esa noche, todos nos acostábamos tarde, había que ver el festival, recuerdo después de cenar, en la mesita de estar, la botella de whiski Dyc y los cigarrillos que fumaba mi padre, de la marca Winston, y yo pensé que si algún día fumara, que fumaría esa marca. En fin, volviendo al festival, gano Suecia, con la canción Waterloo, cantada por el grupo ABBA. Aunque hubiera preferido que ganara España, reconozco que aquella canción sueca y aquel grupo me gusto.
Un par de semanas después me tocaba revisión médica. En aquel entonces el médico que me trataba el asma estaba en un pueblo de montaña, a unos 120 kilómetros de nuestra casa, y cada vez que íbamos era como irse a un largo viaje. Este viaje ya empezó mal, porque la noche anterior habían estado en casa un matrimonio amigo de mis padres, Manolo y Vicentina, algo más jóvenes que mis padres, recién casados y sin hijos. Parece ser que mi padre se paso un poco con la bebida, y al día siguiente, tenia lo que yo tarde muchos años después en descubrir, una “resaca”. El caso es que al levantarme, mientras mi madre terminaba de vestirme y peinarme, se peleaba y discutía con mi padre; no se, aquello me produzco una sensación de mucha tristeza y enfado con él, de alguna forma sentía que mi madre tenia razón. Al final de aquella discusión, terminamos de vestirnos y nos fuimos, aunque mi padre no conducía, nos fuimos en el Morris 1100 Traveller de Manolo, con Vicentina, mi madre, mi padre y yo. Teníamos que subir por un puerto de montaña llamado “la carrasqueta” y que en aquella época era algo peligroso. Las carreteras eran estrechas y las curvas eran bastante pronunciadas. Llegamos a media mañana a la plaza del pueblo, donde estaba la consulta de Don Honorio, así se llamaba el médico. Según su diagnostico, lo que me producía el asma era una “mancha” en los bronquios y su tratamiento consistía básicamente en atiborrarme a pastillas de cortisona (recuerdo hasta la marca, “Dacortin”). Aquella consulta era como una mezcla entre el laboratorio del Dr. Frankenstein y un coqueto salón de té ingles de principios de siglo. En su consulta, tenia una máquina de rayos x, metálica, de la marca General Electric (me quedaba boquiabierto mirando el escudo de “General Electric”); me hacia desnudarme de cintura para arriba, y me ponía dentro de aquella máquina. Se apagaban las luces y yo oía como le decía a mi madre: “….lo ve, ahí esta la mancha, eso es lo que le produce el asma….”
Lo mejor de aquellos viajes, era que después de la consulta, como casi siempre salíamos alrededor de al mediodía, nos quedábamos a comer en una especie de bar-bodega que había en la plaza del pueblo. Mi madre casi siempre compraba allí mismo embutidos, que eran muy buenos. La anécdota de aquel día fue que Vicentina, pidió un “montadito” de morcilla y le sirvieron un pedazo de bocata de casi dos palmos de grande.
Los sábados por la mañana, normalmente, mi padre no trabajaba. Se levantaba a la misma hora que todos los días, se vestía con ropa más o menos sport, y se iba con su moto a ver a su madre. Yo, algunos sábados, si me levantaba temprano como él, le acompañaba. Aprovechaba también ese día para los papeleos bancarios, que de ellos se encargaba mi tío Carlos, y bueno, si luego quedaba tiempo, paseábamos viendo tiendas, sobre todo de libros. Recuerdo uno de esos sábados, que nos fu
imos en un Renault Dauphine que mi padre estaba reparando; aparcamos en el centro de la ciudad, donde residía mi abuela. Desayunamos con ella en su casa, ella siempre me daba un billete de 100 pesetas que se suponía que yo tenia que repartir con mis hermanos (a veces no lo hacia, lo reconozco…) y después nos fuimos andando por las tiendas del centro de la ciudad. Cuando termino aquel paseo, nos fuimos al taller, y mi padre me dijo: “….he vendido el Ford, te voy a enseñar el coche que he comprado…” Era un precioso SEAT 1500 e color gris marengo y con motor diesel…en aquellos años, un “cochazo”….
A principios de abril, también se celebro lo que era todo un acontecimiento televisivo de primer orden, el Festival de la canción de Eurovisión. Esa noche, recuerdo que mi padre se ducho y se puso un pijama nuevo, mi madre estaba preparando la cena, y mis hermanos y yo, estábamos muy nerviosos esperando que empezara el festival. Aquella edición, España mando nada más y nada menos que a Peret con una rumba muy pegadiza que decía algo así como “canta y se feliz….” No recuerdo en que lugar quedo, pero si recuerdo los nerviosismos de las votaciones, la rabia de saber que no ganaba España. Aquella noche, en los intermedios, pusieron un anuncio de una película que estrenaban en el cine, “el coloso en llamas”, aquel anuncio me impacto de tal forma, que estuve durante unos días soñando con edificios que se quemaban y que yo me encontraba dentro; siempre le he tenido miedo al fuego, y a morir quemado. Esa noche, todos nos acostábamos tarde, había que ver el festival, recuerdo después de cenar, en la mesita de estar, la botella de whiski Dyc y los cigarrillos que fumaba mi padre, de la marca Winston, y yo pensé que si algún día fumara, que fumaría esa marca. En fin, volviendo al festival, gano Suecia, con la canción Waterloo, cantada por el grupo ABBA. Aunque hubiera preferido que ganara España, reconozco que aquella canción sueca y aquel grupo me gusto.
Un par de semanas después me tocaba revisión médica. En aquel entonces el médico que me trataba el asma estaba en un pueblo de montaña, a unos 120 kilómetros de nuestra casa, y cada vez que íbamos era como irse a un largo viaje. Este viaje ya empezó mal, porque la noche anterior habían estado en casa un matrimonio amigo de mis padres, Manolo y Vicentina, algo más jóvenes que mis padres, recién casados y sin hijos. Parece ser que mi padre se paso un poco con la bebida, y al día siguiente, tenia lo que yo tarde muchos años después en descubrir, una “resaca”. El caso es que al levantarme, mientras mi madre terminaba de vestirme y peinarme, se peleaba y discutía con mi padre; no se, aquello me produzco una sensación de mucha tristeza y enfado con él, de alguna forma sentía que mi madre tenia razón. Al final de aquella discusión, terminamos de vestirnos y nos fuimos, aunque mi padre no conducía, nos fuimos en el Morris 1100 Traveller de Manolo, con Vicentina, mi madre, mi padre y yo. Teníamos que subir por un puerto de montaña llamado “la carrasqueta” y que en aquella época era algo peligroso. Las carreteras eran estrechas y las curvas eran bastante pronunciadas. Llegamos a media mañana a la plaza del pueblo, donde estaba la consulta de Don Honorio, así se llamaba el médico. Según su diagnostico, lo que me producía el asma era una “mancha” en los bronquios y su tratamiento consistía básicamente en atiborrarme a pastillas de cortisona (recuerdo hasta la marca, “Dacortin”). Aquella consulta era como una mezcla entre el laboratorio del Dr. Frankenstein y un coqueto salón de té ingles de principios de siglo. En su consulta, tenia una máquina de rayos x, metálica, de la marca General Electric (me quedaba boquiabierto mirando el escudo de “General Electric”); me hacia desnudarme de cintura para arriba, y me ponía dentro de aquella máquina. Se apagaban las luces y yo oía como le decía a mi madre: “….lo ve, ahí esta la mancha, eso es lo que le produce el asma….”
Lo mejor de aquellos viajes, era que después de la consulta, como casi siempre salíamos alrededor de al mediodía, nos quedábamos a comer en una especie de bar-bodega que había en la plaza del pueblo. Mi madre casi siempre compraba allí mismo embutidos, que eran muy buenos. La anécdota de aquel día fue que Vicentina, pidió un “montadito” de morcilla y le sirvieron un pedazo de bocata de casi dos palmos de grande.
Los sábados por la mañana, normalmente, mi padre no trabajaba. Se levantaba a la misma hora que todos los días, se vestía con ropa más o menos sport, y se iba con su moto a ver a su madre. Yo, algunos sábados, si me levantaba temprano como él, le acompañaba. Aprovechaba también ese día para los papeleos bancarios, que de ellos se encargaba mi tío Carlos, y bueno, si luego quedaba tiempo, paseábamos viendo tiendas, sobre todo de libros. Recuerdo uno de esos sábados, que nos fu
imos en un Renault Dauphine que mi padre estaba reparando; aparcamos en el centro de la ciudad, donde residía mi abuela. Desayunamos con ella en su casa, ella siempre me daba un billete de 100 pesetas que se suponía que yo tenia que repartir con mis hermanos (a veces no lo hacia, lo reconozco…) y después nos fuimos andando por las tiendas del centro de la ciudad. Cuando termino aquel paseo, nos fuimos al taller, y mi padre me dijo: “….he vendido el Ford, te voy a enseñar el coche que he comprado…” Era un precioso SEAT 1500 e color gris marengo y con motor diesel…en aquellos años, un “cochazo”….lunes, 13 de agosto de 2007
Amante Bandido
Queridos navegantes, la música es una de mis aficiones, aunque reconozco que no soy lo que se dice un "erudito" en la materia. Como dice un amigo," yo no entiendo de música, entiendo lo que me gusta". A mi principalmente me gusta el rock, llevo un rockero en mis venas, aunque no me entusiasma el Heavy metal, y sobre todo, me gusta los grupos de los 60-70. También me gusta mucho el Jazz. Digo todo esto porque este viernes me fui a un concierto de un cantante, que sin estar dentro de los estilos que he nombrado, tengo que reconocer que me gusta. El concierto era de Miguel Bose, me fui con mis amigas Mª Jose (fan incondicional desde los 7 años) y Nicole (como extranjera, no conocia prácticamente nada de su música, exceptuando lo que sale en los programas del corazón). Yo iba con la idea de pasarlo bien, aunque suponia que no iba a ver "el concierto del siglo" y reconozco que su música no pasará a la historia como una "genialidad", pero no me defraudo. Desde el primer momento que aparecio en el escenario, fue una pasada, y a pesar de la temperatura, 29 grados a las 10.30 de la noche, con un 62% de humedad. Su presencia ya era de por sí un espectáculo. Esa forma tan particular de bailar y moverse en el escenario (reconozco también que ya no es como al principio de su carrera, pero claro estamos hablando de alguién que tiene 51 años...), su belleza física (ahí también reconozco que es cuestión de gustos, a mi me parece un hombre muy atractivo) y sobre todo, todos los músicos y profesionales que lleva a su alrededor. El público, principalmente femenino, como imaginaran, vibraba con los contoneos sobre el escenario, no habia asistido nunca a un concierto donde el público y el artista estuvieran tan a tono el uno con el otro. Él parecia crecerse con la reacción de un público totalmente entregado. Y otra cosa que me gusto muchisimo, es que sin ser un concierto en plan melodico-romantico, sino más bien todo lo contrario, era la tranquilidad-cordialidad de la gente, no hubo altercados, ni empujones ni malas cosas, y eso que el recinto estaba a rebosar. Todo un espéctaculo, salte, baile, cante, grite como una "vulgar quinceañera" y sobre todo me lo pase genial. Una cosa pense durante el concierto, y es que cuando Miguel Bose empezo su carrera, en este país empezo a correr el rumor de que era homosexual, él también reconozco que ha jugado (o sigue jugando) con esa ambiguedad. El caso es que hace como 23 años fui a comprarme el single (en vinilo, por supuesto) de la canción "amante bandido" y me dio mucha verguenza comprar el disco, ya que en mi cabeza, creia que los demas pensaban que un chico comprará un disco de Miguel Bose era porque era gay. Me hizo gracia recordar esto, y dije para mi; "fijate, si aquel chico de 17 años se viera ahora.........."
jueves, 9 de agosto de 2007
No debemos olvidar....
Hoy se cumplen 62 años del lanzamiento de la segunda bomba atómica, sobre la ciudad de Nagasaki, 3 días después del lanzamiento de la primera bomba atómica, el 6 de agosto de 1945 sobre la ciudad de Hiroshima. Me faltarían palabras y adjetivos para describir tal horror, así que simplemente voy a poner unas fotos e invitar a una reflexión. No debemos olvidar cosas como esta, ya que de lo contrario, estaremos condenados a repetirlas......Larga y próspera vida....¡¡¡en paz!!!!
Iglesia Católica en Hiroshima.
Hiroshima, la cúpula de Gembaku

Nagasaki, antes y después.

Explosión atómica sobre la ciudad de Nagasaki.
miércoles, 8 de agosto de 2007
Cuestión de Pies
Las hay de diversos colores, las hay de diversos materiales, de cuero, de goma, de fieltro, de plástico, las hay con adornos, las hay simples, las hay de diseño, las hay por 1 euro, las hay hasta por 200 euros....las chanclas (creo que en inglés se les llama flip-flop o algo así). El caso es que desde hace unos años, por cuestiones de no se que, se han puesto de moda y todo el mundo las lleva. No pongo en duda que son realmente cómodas, y que pueden ser un alivio para los pies. Yo recuerdo de pequeño que se ultilizaban para ir a la playa o de calzado de estar por casa, incluso en una época no las encontrabas, porque casi nadie las llevaba. El caso es que no se porque, no me gusta llevar el pie descubierto, me siento incomodo, y por eso les tengo tanta manía. Y encima, las veo a todos y a todo el mundo, solo me fijo en esos pies, algunos algo descuidados, y me fastidia. Y el sonido de algunos cuando van andando con ellas: "plast, plast, plast", me saca de quicio. Para colmo de males, ya lo último en moda, es ir de traje con semejante calzado.....

A pesar de todo esto, les debo hacer una confesión, tengo un par de ellas desde hace dos años, y últimamente me las pongo para ir a la calle....he sucumbido a la moda. Larga y próspera vida.
miércoles, 1 de agosto de 2007
1974 (II) El mercader de Venecia...
No recuerdo muy bien los juguetes que estrene el día de reyes de 1974, pero imagino que serian coches, coches, muchos coches. Si que recuerdo un Mercedes W111 teledirigido, con los faros escamoteables, que se accionaban con una palanca dentro del salpicadero. Los coches, desde muy pequeño, han sido siempre mi pasión, por cierto, alimentada por mi padre. Mi padre trabajaba en su propio taller de coches, por lo que en mi casa, el automovilismo ha estado siempre muy presente.
El barrio de San Gabriel en aquella época era más que un barrio, era un pueblo. Y no solo por la forma de vida, incluso en su estructura física, era como un pueblo. Por el norte, aislado de la ciudad por una rambla natural llamada de forma coloquial, “el barranco de las ovejas”, y rodeado de campo al sur y oeste, y por el este, el mar; la única vía de comunicación era la “carretera de Elche” que estaba entre el barrio y el mar; y para darle todavía más sensación de aislamiento, al otro lado de la rambla, entre la ciudad y ésta, estaba la fábrica de la “Cros”, una fábrica de fertilizantes y abonos, bastante grande. Nuestro edificio estaba justo delante de la rambla, enfrente de la fábrica. Como aquí en esta zona, las lluvias son muy escasas, en esa rambla, se había instalado un campo de fútbol, donde se jugaban partidos los sábados y domingos, pero que entre semana, era territorio de nosotros, los niños del barrio. A veces pasaba algún pastor con un rebaño de ovejas, de ahí el nombre. Lo cierto y verdad es que cuando llovía seguido durante unos días, aquella rambla se llenaba de agua, el campo quedaba anegado y daba la impresión que vivías en la orilla de un caudaloso río.
El colegio público estaba calle arriba, en la plaza principal y pegado literalmente hablando, a la iglesia. Don Vicente, el párroco, era un hombre grande, algo mayor y muy alto. Mi padre lo conocía porque antes había sido el párroco de un amigo de mi padre en otro barrio de la ciudad, y como mi padre decía, era de los “de la vieja escuela”. Recuerdo que un domingo, en su homilía, se puso a criticar a una vecina que estando todavía soltera, se había quedado embarazada. También recuerdo que una tarde, se presentó en clase, la profesora le cedió su asiento, y empezamos todos a rezar algo yo no entendía muy bien que era, y que siempre parecía que repetíamos lo mismo una y otra vez, ahora de mayor ya se que estábamos rezando el santo rosario. En esos primeros meses del año, ya que estábamos huérfanos de profesora, nos toco quedarnos en la clase de 4º de E.G.B.(Educación General Básica), con niños y niñas de 9 a 10 años, que a nosotros, nos parecían hombretones y mujeronas hechos y derechos. No recuerdo muy bien el nombre de la profesora, era una señora algo mayor, algo rellenita, y que al entrar, teníamos que esperar de pie, y cuando ella entraba, nos poníamos a rezar. Sus rezos duraban aproximadamente como tres cuartos de hora, y donde ella parecía entrar en trance como una médium. Hablaba de política, del Generalísimo que Dios guardara muchos años, de lo que habría que hacerle a los sinvergüenzas de los terroristas….., y así durante un buen rato…. Lo bueno de todo esto, era que entre que terminaban los rezos y te ponías a trabajar, enseguida sonaba la sirena para salir al recreo. Como yo era muy bajito y estaba muy delgadito, tenia que sentarme delante, en primera fila, porque si no, me era imposible ver la pizarra. A aquella profesora le llamaba mucho la atención, y siempre al entrar, antes de empezar sus “rezos” me pasaba la mano por mi cabeza, sonriéndome y diciéndome “ay, que rubiales que somos” …..(en aquellos tiempos, era bastante rubio, con los años, cambie a castaño claro).
Se acercaba el día del padre y mi madre me compró una postal donde salía un niño vestido con un mono de trabajo y con la cara manchada de grasa, subido en la aleta delantera de un Citroen 2 CV haciendo como que estaba reparando el motor. Mi madre me hizo que le pusiera detrás, con aquellas primeras letras que ya escribía: “felicidades papá”. Aquella postal estuvo en el tablón de anuncios que tenia mi padre en su taller hasta el día que lo cerró, en 1989 (Incluso es posible, que si busco por todos los papeles de mi padre, quizás la encuentre…). El día del padre, 19 de marzo, era un día especial, aparte de celebrarlo por mi padre, también era el santo de mi padre, mi madre, mi abuelo y yo. Casi siempre nos íbamos a comer a algún restaurante y nos acompañaban mi tío Carlos (hermano de mi padre) con su mujer y mi abuela Concha (la madre de mi padre). Siempre había tensiones y mosqueos en casa, mi madre parecía estar molesta con estas visitas, había algo entre mi madre y ellos que no funcionaba, y que yo tarde algunos años en darme cuenta. En cualquier caso, a mis 6 años me daba alegría de ver a mi abuela, a mi tío Carlos y a su mujer, Helen.
En aquella época veía mucho la televisión y no solo los programas infantiles, sino también el teatro, me gustaba mucho, aunque reconozco a veces no entendía muchas cosas. Recuerdo en especial, al actor Jose Mª Rodero, nuestro particular “Laurence Oliver” interpretando obras de Shakespeare. Recuerdo “El mercader de Venecia” se me quedaron muy grabadas esas palabras que decían “…media libra de carne de al lado del corazón….” Los sábados al mediodía ponían los dibujos de la pantera rosa, claro que en nuestro televisor la veíamos de color gris, y después, casi siempre ponían películas del oeste o de Tarzán (las antiguas, las de Johnny Weissmuller).
El barrio de San Gabriel en aquella época era más que un barrio, era un pueblo. Y no solo por la forma de vida, incluso en su estructura física, era como un pueblo. Por el norte, aislado de la ciudad por una rambla natural llamada de forma coloquial, “el barranco de las ovejas”, y rodeado de campo al sur y oeste, y por el este, el mar; la única vía de comunicación era la “carretera de Elche” que estaba entre el barrio y el mar; y para darle todavía más sensación de aislamiento, al otro lado de la rambla, entre la ciudad y ésta, estaba la fábrica de la “Cros”, una fábrica de fertilizantes y abonos, bastante grande. Nuestro edificio estaba justo delante de la rambla, enfrente de la fábrica. Como aquí en esta zona, las lluvias son muy escasas, en esa rambla, se había instalado un campo de fútbol, donde se jugaban partidos los sábados y domingos, pero que entre semana, era territorio de nosotros, los niños del barrio. A veces pasaba algún pastor con un rebaño de ovejas, de ahí el nombre. Lo cierto y verdad es que cuando llovía seguido durante unos días, aquella rambla se llenaba de agua, el campo quedaba anegado y daba la impresión que vivías en la orilla de un caudaloso río.
El colegio público estaba calle arriba, en la plaza principal y pegado literalmente hablando, a la iglesia. Don Vicente, el párroco, era un hombre grande, algo mayor y muy alto. Mi padre lo conocía porque antes había sido el párroco de un amigo de mi padre en otro barrio de la ciudad, y como mi padre decía, era de los “de la vieja escuela”. Recuerdo que un domingo, en su homilía, se puso a criticar a una vecina que estando todavía soltera, se había quedado embarazada. También recuerdo que una tarde, se presentó en clase, la profesora le cedió su asiento, y empezamos todos a rezar algo yo no entendía muy bien que era, y que siempre parecía que repetíamos lo mismo una y otra vez, ahora de mayor ya se que estábamos rezando el santo rosario. En esos primeros meses del año, ya que estábamos huérfanos de profesora, nos toco quedarnos en la clase de 4º de E.G.B.(Educación General Básica), con niños y niñas de 9 a 10 años, que a nosotros, nos parecían hombretones y mujeronas hechos y derechos. No recuerdo muy bien el nombre de la profesora, era una señora algo mayor, algo rellenita, y que al entrar, teníamos que esperar de pie, y cuando ella entraba, nos poníamos a rezar. Sus rezos duraban aproximadamente como tres cuartos de hora, y donde ella parecía entrar en trance como una médium. Hablaba de política, del Generalísimo que Dios guardara muchos años, de lo que habría que hacerle a los sinvergüenzas de los terroristas….., y así durante un buen rato…. Lo bueno de todo esto, era que entre que terminaban los rezos y te ponías a trabajar, enseguida sonaba la sirena para salir al recreo. Como yo era muy bajito y estaba muy delgadito, tenia que sentarme delante, en primera fila, porque si no, me era imposible ver la pizarra. A aquella profesora le llamaba mucho la atención, y siempre al entrar, antes de empezar sus “rezos” me pasaba la mano por mi cabeza, sonriéndome y diciéndome “ay, que rubiales que somos” …..(en aquellos tiempos, era bastante rubio, con los años, cambie a castaño claro).
Se acercaba el día del padre y mi madre me compró una postal donde salía un niño vestido con un mono de trabajo y con la cara manchada de grasa, subido en la aleta delantera de un Citroen 2 CV haciendo como que estaba reparando el motor. Mi madre me hizo que le pusiera detrás, con aquellas primeras letras que ya escribía: “felicidades papá”. Aquella postal estuvo en el tablón de anuncios que tenia mi padre en su taller hasta el día que lo cerró, en 1989 (Incluso es posible, que si busco por todos los papeles de mi padre, quizás la encuentre…). El día del padre, 19 de marzo, era un día especial, aparte de celebrarlo por mi padre, también era el santo de mi padre, mi madre, mi abuelo y yo. Casi siempre nos íbamos a comer a algún restaurante y nos acompañaban mi tío Carlos (hermano de mi padre) con su mujer y mi abuela Concha (la madre de mi padre). Siempre había tensiones y mosqueos en casa, mi madre parecía estar molesta con estas visitas, había algo entre mi madre y ellos que no funcionaba, y que yo tarde algunos años en darme cuenta. En cualquier caso, a mis 6 años me daba alegría de ver a mi abuela, a mi tío Carlos y a su mujer, Helen.
En aquella época veía mucho la televisión y no solo los programas infantiles, sino también el teatro, me gustaba mucho, aunque reconozco a veces no entendía muchas cosas. Recuerdo en especial, al actor Jose Mª Rodero, nuestro particular “Laurence Oliver” interpretando obras de Shakespeare. Recuerdo “El mercader de Venecia” se me quedaron muy grabadas esas palabras que decían “…media libra de carne de al lado del corazón….” Los sábados al mediodía ponían los dibujos de la pantera rosa, claro que en nuestro televisor la veíamos de color gris, y después, casi siempre ponían películas del oeste o de Tarzán (las antiguas, las de Johnny Weissmuller).
El comisario Mcmillan, Sally, su esposa es la de la derecha.
Pero a mi, lo que más me gustaba eran los domingos por la noche, cuando hacían la serie policíaca “El comisario Mcmillan y su esposa” (el título original era “Mcmillan & wife”) interpretado por Susan Saint James y Rock Hudson. Me encantaba esa serie, quizás por los comentarios sarcásticos de Mildred, la sirvienta, por el MG TD que tenia la Sra. Mcmillan…. El caso es que ahí empezó mi admiración por Rock Hudson (me encantan aquellas viejas películas que hizo en los 60 con Doris Day….).
Unos días después de mi santo, una noche mi padre tardaba mucho en llegar a casa, y después de mucho esperar, mi madre me mando acostar. Al poco tiempo de estar en la cama, oí la puerta, oí a mis padres hablar y como se acercaban a mi habitación, encendieron la luz y mi padre entró con una preciosa bicicleta……
Pero a mi, lo que más me gustaba eran los domingos por la noche, cuando hacían la serie policíaca “El comisario Mcmillan y su esposa” (el título original era “Mcmillan & wife”) interpretado por Susan Saint James y Rock Hudson. Me encantaba esa serie, quizás por los comentarios sarcásticos de Mildred, la sirvienta, por el MG TD que tenia la Sra. Mcmillan…. El caso es que ahí empezó mi admiración por Rock Hudson (me encantan aquellas viejas películas que hizo en los 60 con Doris Day….).
Unos días después de mi santo, una noche mi padre tardaba mucho en llegar a casa, y después de mucho esperar, mi madre me mando acostar. Al poco tiempo de estar en la cama, oí la puerta, oí a mis padres hablar y como se acercaban a mi habitación, encendieron la luz y mi padre entró con una preciosa bicicleta……
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